viernes, 30 de enero de 2015

Cultura gay, alto raiting televisivo y aceptación social: colaboración en libro especializado

Imagen de la portada del libro como la publiqué en Instagram.

Cada dos años la facultad de comunicación institucional de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz organiza un congreso sobre el trinomio Poetica, Comunicazione y Cultura. En 2013 estuvo centrado en la figura del padre en las series de televisión. Como parte del programa de comunicaciones de ese congreso pude presentar la relación titulada La otra paternidad en las pantallas.

En aquella presentación ofrecí el resultado de una investigación con la que traté de poner de manifiesto, con datos empíricos, cómo la aceptación social de la cultura gay crece en aquellos lugares donde las series de televisión de mayor audiencia ofrecen una sobre representación positiva de personajes gays. En un segundo momento, a modo de contraste, también hice un excursus sobre la otra paternidad presente en las pantallas: la de muchos sacerdotes que por medio de las redes sociales hacen vivencial esa faceta de su vocación consagrada.

El 22 de enero de 2015 recibí por correo una copia del libro que recoge las intervenciones realizadas en el congreso: La figura del padre nella serialità televisiva, incluyendo la mía. Naturalmente el libro recoge más ponencias, algunas seguramente más importantes o interesantes que la que yo realicé, por eso no puedo menos que animarles a conseguir el libro (el índice puede leerse en este enlace y se puede comprar en internet en este otro link).


Aprovecho este post para agradecer al profr. Enrique Fúster el ejemplar remitido. A título personal debo decir una vez más que mucho de lo que he aprendido acerca de la comunicación en sus diferentes vertientes lo debo a los profesores de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.

miércoles, 28 de enero de 2015

Un transexual en el Vaticano: verdad y ficción en torno a un encuentro con el Papa

Diego Neria en imagen de archivo publicada por el diario Hoy de Extremadura. 
Pasó el 24 de enero de 2015: Papa Francisco recibió de forma privada a un transexual español en el Vaticano. La historia se ha conocido porque la persona en cuestión lo refirió a un diario local de su país y de ahí saltó a la gran prensa con connotaciones y lecturas que no corresponden a la realidad.

Diego Neria Lejarraga es el nombre del transexual recibido por el Papa. Tiene 48 años y es oriundo de Plascencia, Extremadura, España. Diego nació mujer pero realizó una operación de cambio de aspecto de sus órganos genitales externos (la incorrectamente conocida como «operación de cambio de sexo») cuando tenía 40 años, tras la muerte de su mamá. Ya antes, como ahora, había estado involucrado activamente en la vida de su parroquia aunque experimentó cierto rechazo tras la operación. No obstante, ha recibido atención cercana del obispo de Plascencia, Amadeo Rodríguez Magro, quien le invitó a escribirle al Papa. El Papa le respondió en diciembre de 2014 y en enero le ha recibido de forma privada. Hasta ahí los hechos que responden a lo que la pastoral de la Iglesia enseña a cualquier pastor, incluido el Papa. Ver un gesto así como algo excepcional parece ser más bien el resultado de la ignorancia de la pastoral que la Iglesia realiza hacia personas como ésta y, en general, hacia todas aquellas que sufren de alguna manera.

Sobre lo tratado en el encuentro privado el mismo Diego ha dicho: «Lo que pasó en esa reunión, lo que allí se dijo es algo que se queda para las personas que participamos en el encuentro. Porque es algo que quiero vivir en la más estricta intimidad» (Diario Hoy, 27.01.2015). Habiendo sido un acto privado del Papa la Santa Sede no emite comunicados ni habría de esperarlos.

Algunos periódicos han querido insinuar en este hecho un gesto práctico de condescendencia a la cultura gay por parte del Papa Francisco recordando machaconamente aquellas palabras del mismo Pontífice en el vuelo de Río de Janeiro a Roma: «¿Quién soy yo para juzgarlo?». Ante esto habría que recordar tres cosas:

1. El contexto. Las palabras completas de aquella ocasión fueron: 
«Creo que cuando uno se encuentra con una persona así, debe distinguir el hecho de ser una persona gay, del hecho de hacer un lobby, porque ningún lobby es bueno. Son malos. Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?».
2. No olvidar otras palabras dichas en análogas circunstancias (el vuelo de regreso de Manilas a Roma) y en el que no ha dado pie a dudas al subrayar la colonización ideológica de la cultura gay.

3. Finalmente una distinción: homosexualidad y transexualidad no son lo mismo. En el primer caso el hombre o la mujer homosexuales no tienen problema con su identidad de hombre o mujer sino con la atracción hacia personas de su mismo sexo. En el caso de los transexuales hay algo diferente: constatan las características físicas sexuadas de su cuerpo (femenino o masculino) pero psicológicamente no se identifican con él.

En las universidades pontificias, y en general en los seminarios, los futuros sacerdotes son instruidos en estas y otras distinciones. Suponiendo la valoración moral que la Iglesia da a todas esas inclinaciones, es la teología pastoral la que ofrece las pautas para atenderlas y, en la medida de lo posible, ofrecer a las personas interesadas una ayuda espiritual y acompañamiento en sus circunstancias concretas. Suponer, inventar, tergiversar, interpretar o voluntariamente contradecir lo que no pasa no es otra cosa que hacer ficción.

lunes, 26 de enero de 2015

Vaticano publica manual contra homilías aburridas

Corrían los primeros días del mes de octubre de 2008 cuando el tema fue tocado en el sínodo de los obispos que por entonces abordaba el tema de la Palabra de Dios: «a pesar de la renovación de que fue objeto la homilía en el Concilio, sentimos aún la insatisfacción de numerosos fieles con respecto al ministerio de la predicación», decía el relator general y entonces arzobispo de Quebec, cardenal Marc Ouellet (hoy en día prefecto de la Congregación para los Obispos). Y añadía: «Esta insatisfacción explica en parte la salida de muchos católicos hacia otros grupos religiosos».

La afirmación final no era un decir cualquiera: un análisis del Centro para la Investigación Aplicada en el Apostolado (CARA, por sus siglas en inglés), de la Universidad de Georgetown, reveló que el 63% de las personas que van a misa toman en cuenta la calidad de las homilías para decidir a dónde ir a la celebración eucarística. Para ese elevado porcentaje de personas la calidad de la homilía es más importante que la música e incluso que el sentido de comunidad experimentado.

Fue también en el sínodo de 2008 que el arzobispo de Camberra, Australia, Mons. Mark Bendect Coleridge, propuso la preparación de un Directorio General Homilético análogo al que existe para la catequesis.

No fue el único obispo en poner el dedo en la llaga: voces como las del Cardenal Barbarin (Lyon, Francia), Mons. Raymond Saint-Gelais (Nicolet, Canadá), Mons. Ricardo Blázquez (Valladolid, España), mons. Gerald Frederick Kicanas (Tucson, USA), iban en la misma línea.

El 2014 cerró en el Vaticano con el anuncio de la inminente aparición del esperado documento: el Directorio Homilético preparado por la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos. Se trata de un texto que ofrece respuesta a preguntas como dónde encontrar contenidos, cómo articular la homilía y tantas otras cuestiones vinculadas a la predicación.

El Directorio consta de dos partes: en la primera se contextualiza la homilía en el ámbito que le es propio, el litúrgico; en la segunda, de cariz más práctico, se aboca al arte de la predicación homilética, propiamente dicha. Hay también dos apéndices en los que se muestra la relación entre homilía y doctrina de la Iglesia y se señalan referencia al Catecismo de la Iglesia Católica. En el segundo apéndice se ofrecen referencias a textos magisteriales que han tocado directa o indirectamente el mismo argumento.

Ya en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium el Papa Francisco ofreció una preciosa síntesis sobre la predicación. Remitimos a aquel texto recogido por nosotros de esta manera: «Los 39 consejos prácticos, ágiles, concretos y amenos del Papa Francisco para homilías transformadoras en el siglo XXI».

sábado, 24 de enero de 2015

Test: el impacto de las redes sociales en TÚ vida en un video que te ayudará a pensar


Leí un post (lo puse arriba) que decía que un estudio arrojó un resultado sorprendente: el ser humano puede ir de un lugar a otro sin necesidad de publicarlo y… ¡no pasa nada! Naturalmente se trataba de una ironía en torno a esa impulsividad de convertir en público, por medio de las redes sociales, todo lo que se hace.

Este video que comparto afirma que una persona promedio destina 4 años de su vida a ver las redes sociales. Me parece poco. Es verdad que al visualizar este video podemos quedarnos sólo con una visión un poco pesimista de las tecnologías de la comunicación y de la información pero, si lo tomamos con un poco de neutralidad, puede ayudar a reflexionar sobre el impacto que las redes sociales tienen en nuestra propia existencia. Ojo: no en la vida en general sino en nuestra propia vida.

Hay un parte simpática del video: me refiero a cuando dice que es mejor comerse la comida que tomarle fotos. Y tú, ¿tomas fotos o comes?



Por cierto, creo que estos dos post en relación a este tema os pueden interesar:

8 modos como Facebook puede destruir tu matrimonio

El invento de Coca Cola para tratar la adicción a redes sociales

lunes, 19 de enero de 2015

Teología de las lágrimas: 7 orientaciones del Papa para aprender a llorar

El Papa abraza a dos niños de la calle, Jun y Glyzelle, quienes le hicieron una pregunta sobre el sufrimiento de los niños.
El domingo 18 de enero el Papa se encontró con miles de jóvenes en los patios de la Pontificia Universidad de Santo Tomás en Manila, Filipinas. Algunas personas formularon preguntas al Papa. Una de esas preguntas, la de dos niños de la calle, conmocionó tanto a los presentes como al mismo Papa Francisco.

«He abandonado mi casa y mi familia porque no podían mandarme a la escuela. Me alimentaba con lo que encontraba en la basura», dice el pequeño Jun. Y a continuación Glyzelle pregunta al Papa, entre lágrimas: «¿Por qué Dios permite que pase esto si los niños no tienen la culpa? ¿Y por qué nos ayudan tan pocas personas».

La respuesta del Santo Padre bien se puede calificar de una «teología de las lágrimas». La presentamos dividiéndolas en 7 puntos:

I. […] el núcleo de la pregunta casi no tiene respuesta. Solamente cuando somos capaces de llorar sobre las cosas que tú viviste, podemos entender algo y responder algo. La gran pregunta para todos: «¿Por qué sufren los niños?, ¿por qué sufren los niños?» Recién cuando el corazón alcanza a hacerse la pregunta y a llorar, podemos entender algo.

II. Existe una compasión mundana que no nos sirve para nada. […] Una compasión que, a lo más, nos lleva a meter la mano en el bolsillo y a dar una moneda. Si Cristo hubiera tenido esa compasión, hubiera pasado, curado a tres o cuatro y se hubiera vuelto al Padre. Solamente cuando Cristo lloró y fue capaz de llorar, entendió nuestros dramas.

III. Queridos chicos y chicas, al mundo de hoy le falta llorar. Lloran los marginados, lloran aquellos que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero, aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades, no sabemos llorar.

IV. Ciertas realidades de la vida se ven solamente con los ojos limpios por las lágrimas. Los invito a que cada uno se pregunte: «¿Yo aprendí a llorar? ¿Yo aprendí a llorar cuando veo un niño con hambre, un niño drogado en la calle, un niño que no tiene casa, un niño abandonado, un niño abusado, un niño usado por una sociedad como esclavo?». ¿O mi llanto es el llanto caprichoso de aquel que llora porque le gustaría tener algo más?

V. […] Esto es lo primero que yo quisiera decirles: aprendamos a llorar, como ella nos enseñó hoy. No olvidemos este testimonio. La gran pregunta: ¿Por qué sufren los niños?, la hizo llorando; y la gran respuesta que podemos hacer todos nosotros es aprender a llorar.

VI. Jesús, en el Evangelio, lloró. Lloró por el amigo muerto. Lloró en su corazón por esa familia que había perdido a su hija. Lloró en su corazón cuando vio a esa pobre madre viuda que llevaba a enterrar a su hijo. Se conmovió y lloró en su corazón cuando vio a la multitud como ovejas sin pastor. Si ustedes no aprenden a llorar, no son un buen cristiano. Y éste es un desafío. […] hoy nos han planteado este desafío.

VII. […] Cuando nos hagan la pregunta: «¿Por qué sufren los niños? ¿Por qué sucede esto o esto otro o esto otro de trágico en la vida?», que nuestra respuesta sea o el silencio o la palabra que nace de las lágrimas. Sean valientes. No tengan miedo a llorar.

martes, 13 de enero de 2015

¿Con cuántos países tiene y no tiene relaciones diplomáticas la Santa Sede (Vaticano)?

Foto de grupo del Papa con los embajadores acreditados ante la Santa Sede luego del encuentro
del pasado lunes 12 de diciembre de 2015.
Cuando Juan Pablo II fue elegido Papa, en 1978, el Vaticano tenía relaciones diplomáticas sólo con 84 países. El estado de las cosas a 2015 es muy distinto: la Santa Sede tiene relaciones diplomáticas con 180 Estados además de la Unión Europea, la Soberana Orden de Malta y la Misión del Estado Palestino. De esos 180 países 83 tienen una embajada en Roma mientras que el resto su embajador reside fuera de Italia (a los embajadores residentes se suman las sedes en Roma de la Misión del Estado Palestino, la Liga Árabe, la Organización Internacional para las Migraciones del Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados y la Casa de la Orden de Malta).

Vatican relations

Entre los países con los que la Santa Sede no tiene relaciones diplomáticas hasta enero de 2015 se encuentran nueves países musulmanes (Afganistán, Arabia Saudí, Brunei, Islas Comores, Islas Maldivas, Mauritania, Omán y Somalia), cuatro comunistas (China, Corea del Norte, Laos y Vietnam), además de Bután, Botswana, Birmania y Tuvalu.

Por su parte, la Santa Sede tiene misiones diplomáticas permanentes en 10 países de los cuales en al menos 106 casos se trata de nunciaturas apostólicas.

Diplomatic Missions of Holy See

Durante 2014 la Santa Sede firmó acuerdos de especial relieve internacional con la República de Camerún (sobre el estatuto jurídico de la Iglesia; 13.01.2014), la República de Malta (sobre el reconocimiento de los efectos civiles a matrimonios canónicos y sobre las decisiones de la autoridad y de los tribunales eclesiásticos sobre los mismos matrimonios, 27.02.2014) y la República de Serbia (sobre la colaboración en la enseñanza superior, 27.06.2014).

domingo, 11 de enero de 2015

Los cardenales y la vida diaria: fotos como nunca los habías visto

Gracias a las redes sociales (a su inmediatez, masificación y "omnipresencia") hemos conocido un poco más acerca de la no siempre conocida faceta de los papas: su manera de vivir, su espontaneidad y, en definitiva, su natural forma de ser en el día a día de su vida. Ha Papa Francisco le ha tocado vivir en este contexto y las consecuencias positivas las conocemos hoy.

Sin embargo el caso del Papa no es algo aislado: la inmensa mayoría de los cardenales, desde la propia personalidad, viven con la misma espontaneidad. Y eso es algo que no debería olvidarse pues, en definitiva, Francisco viene de ese grupo de personas de las que el Espíritu Santo toma a uno para guiar la barca de la Iglesia. 

Hemos recolectado algunas imágenes que nos reflejan la idea que aquí estamos manejando:

El cardenal-arzobispo de Boston podando el césped de su casa.

El cardenal-arzobispo de Génova en medio del lodo tras los aluviones en Génova.

El cardenal-arzobispo de Viena jugando futbolito con algunos jóvenes.

El cardenal-arzobispo de Lyon besando las manos de una cristiana iraquí
en un campo de refugiados.

El cardenal-arzobispo de Nueva York.

El cardenal-arzobispo de Viena y su selfie.

El cardenal-arzobispo de Boston sirviendo la comida a los pobres.
El cardenal-arzobispo de Sao Paolo visitando barrios pobres.
Cardenal-arzobispo de Ciudad de México escuchando las inquietudes de los
jóvenes de la arquidiócesis.
El cardenal-arzobispo de Milán jugando futbolines.

Little Boy: Eduardo Verástegui regresa al cine con película ambientada en la Segunda Guerra Mundial


Aunque la película saldrá en los cines hasta el 24 de abril de 2015 Eduardo Verástegui ya comenzó a publicitarla. Lo ha hecho, por ejemplo, en su visita a Roma de diciembre de 2014. El actor y cantante estuvo en la Ciudad Eterna para recibir un reconocimiento ("Personalidad Europa 2014") otorgado por el Centro Europeo para el Turismo, Cultura y Entretenimiento.

Little Boy cuenta la historia de un niño que en la década de los 40 hace todo lo posible para acabar con la guerra que ensangrienta el mundo. Actúan en la cinta Jakob Salvati, Emily Watson, Cary-Hiroyuki Tagawa, Michael Rapaport, David Henrie, Ben Chaplin, Eduardo Verástegui, Ted Levine, Ali Landry, Abraham Benrubi, Kevin James y Tom Wilkinson. El director es Alejandro Monteverde.

Aquí el tráiler:



En internet:
Web: http://littleboymovie.com/
Facebook: https://www.facebook.com/littleboymovie
Twitter: https://twitter.com/LittleBoyFilm

sábado, 10 de enero de 2015

Charlie Hebdo, el apresuramiento de la idolatración y la oportunidad de adoptar una postura menos hipócrita

The New York Times publica un excelente artículo de David Brooks que rompe con el discurso dominante a propósito del caso Charlie Hebdo. El País lo republica en lengua española y yo lo traigo aquí por el valor añadido de estas reflexiones a una cuestión que está siendo simplificada a grado sumo. 

Como ya hemos dicho antes, lo del atentado terrorista en Francia se ha tratado de un crimen y no puede ser menos que reprobado. Pero la reflexión de fondo en torno a este tema es precisamente lo que va captado por Brooks y que precisamente por eso ofrece una ulterior manera de pensar lo sucedido en Francia.

***
A los periodistas de Charlie Hebdo se les aclama ahora justamente como mártires de la libertad de expresión, pero seamos francos: si hubiesen intentado publicar su periódico satírico en cualquier campus universitario estadounidense durante las dos últimas décadas, no habría durado ni treinta segundos. Los grupos de estudiantes y docentes los habrían acusado de incitación al odio. La Administración les habría retirado toda financiación y habría ordenado su cierre.

La reacción pública al atentado en París ha puesto de manifiesto que hay mucha gente que se apresura a idolatrar a quienes arremeten contra las opiniones de los terroristas islámicos en Francia, pero que es mucho menos tolerante con quienes arremeten contra sus propias opiniones en su país.

Fíjense si no en todas las personas que han reaccionado de manera exagerada a las microagresiones en los campus. La Universidad de Illinois despidió a un catedrático que explicaba la postura de la Iglesia católica respecto a la homosexualidad. La Universidad de Kansas expulsó a un catedrático por arremeter en Twitter contra la Asociación Nacional del Rifle. La Universidad de Vanderbilt retiró el reconocimiento a un grupo cristiano que insistía en que estuviese dirigida por cristianos.

Puede que los estadounidenses alaben a Charlie Hebdo por ser lo bastante valiente como para publicar viñetas que ridiculizaban al profeta Mahoma, pero cuando Ayaan Hirsi Ali es invitada al campus, suele haber peticiones de que se prohíban sus intervenciones.

Así que esta podría ser una ocasión para aprender algo. Ahora que nos sentimos tan apenados por la masacre de esos escritores y directores de periódico en París, es un buen momento para adoptar una postura menos hipócrita hacia nuestras propias figuras controvertidas, provocadoras y satíricas.

Supongo que lo primero que hay que decir es que, independientemente de lo que uno haya publicado en su página de Facebook este viernes, es inexacto que la mayoría de nosotros afirmemos “Je suis Charlie Hebdo” o “Yo soy Charlie Hebdo”. La mayoría de nosotros no practicamos de verdad esa clase de humor deliberadamente ofensivo en la que está especializada ese periódico.

Puede que hayamos empezado así. Cuando uno tiene 13 años, parece atrevido y provocador épater la bourgeoisie [escandalizar a la burguesía], meterle el dedo en el ojo a la autoridad, ridiculizar las creencias religiosas de otros. Pero, al cabo de un tiempo, nos parece pueril. La mayoría de nosotros pasamos a adoptar puntos de vista más complejos sobre la realidad y más comprensivos con los demás. (La ridiculización se vuelve menos divertida a medida que uno empieza a ser más consciente de su propia y frecuente ridiculez). La mayoría tratamos de mostrar un mínimo de respeto hacia las personas con credos y fes diferentes. Intentamos entablar conversaciones escuchando en vez de insultando. Pero, al mismo tiempo, la mayoría de nosotros sabemos que los provocadores y otras figuras estrafalarias cumplen una función pública útil. Los humoristas y los caricaturistas exponen nuestras debilidades y vanidad cuando nos sentimos orgullosos. Minan el autobombo de los triunfadores. Reducen la desigualdad social al bajar a los poderosos de su pedestal. Cuando son eficaces, nos ayudan a enfrentarnos a nuestras flaquezas en grupo, ya que la risa es una de las experiencias cohesivas por antonomasia.

Es más, los expertos en provocación y ridiculización ponen de relieve la estupidez de los fundamentalistas. Los fundamentalistas son gente que se lo toma todo al pie de la letra. Son incapaces de adoptar puntos de vista diversos. Son incapaces de ver que, aunque su religión pueda ser digna de la más profunda veneración, también es cierto que la mayoría de las religiones son un tanto extrañas. Los humoristas señalan a quienes son incapaces de reírse de sí mismos y nos enseñan a los demás que probablemente deberíamos hacerlo también. En resumen, al pensar en quienes provocan y ofenden, deseamos mantener unas normas de civismo y respeto y, al mismo tiempo, dejar espacio a esos tipos creativos y desafiantes que no tienen las inhibiciones de los buenos modales y el buen gusto.

Cuando se intenta combinar este delicado equilibrio con las leyes, las normas sobre el discurso y los ponentes vetados, se acaba teniendo una censura pura y dura y unas conversaciones acalladas. Casi siempre es un error tratar de silenciar el discurso, fijar normas sobre él y cancelar las invitaciones de los ponentes.

Por suerte, los modales sociales son más maleables y flexibles que las normas. La mayoría de las sociedades han logrado mantener ciertas reglas de civismo y respeto a la vez que han dejado la vía abierta a quienes son divertidos, descorteses y ofensivos.

En la mayoría de las sociedades, los adultos y los niños comen en mesas separadas. La gente que lee Le Monde o las publicaciones institucionales se sienta a la mesa de los adultos. Los bufones, los excéntricos y las personas como Ann Coulter y Bill Maher están en la mesa de los niños. No se los considera del todo respetables, pero se los escucha porque, con su estilo de misil descontrolado, a veces dicen cosas necesarias que nadie más dice.

Las sociedades sanas, en otras palabras, no silencian el discurso, pero conceden un estatus diferente a los distintos tipos de personas. A los eruditos sabios y considerados se los escucha con gran respeto. A los humoristas se los escucha con un semirrespeto desconcertado. A los racistas y a los antisemitas se los escucha a través de un filtro de oprobio y falta de respeto. La gente que desea ser escuchada con atención tiene que ganárselo mediante su conducta.

La masacre de Charlie Hebdo debería ser una oportunidad para poner fin a las normas sobre el discurso. Y debería recordarnos que, desde el punto de vista legal, tenemos que ser tolerantes con las voces ofensivas, aunque seamos selectivos desde el punto de vista social.

jueves, 8 de enero de 2015

Charlie Hebdo y la falsa libertad de expresión en la que no me reconozco

Crédito fotográfico: Reuters.
Antes de decir cualquier otra cosa lo quiero dejar bien claro desde el comienzo: jamás se puede aprobar un acto de violencia. Menos todavía cuando ese supone quitar la vida a otro ser humano. La reflexión en este post va en otra dirección...

La sátira es un género literario que tiene por finalidad censurar agriamente a alguien o algo. Con el pasar de los siglos la sátira pasó también al ámbito de la oratoria y, finalmente, al de las viñetas de prensa. De la conjunción de caricaturas y periodismo surgió un indeterminado estilo de publicación al que se le calificó como «satírico».

Ese adjetivo es distintivo de la hoy célebre revista Charlie Hebdo. 12 personas han sido brutalmente asesinadas el miércoles 7 de enero de 2015 en París por parte de terroristas islámicos. Esa fue su respuesta a unas viñetas publicadas por la revista francesa donde se mofaban del profeta Mahoma.

Las redes sociales se han poblado de signos de solidaridad. Muchos publicaron imágenes donde se decía «yo soy Charlie» (en francés «Je suis Charlie»). Tal vez fueron las que más permearon la web. No me reconozco en esa forma de solidaridad. No me veo reflejado en ella porque yo nunca me burlaría de los sentimientos de otros para hacer «periodismo». Por eso yo no soy Charlie Hebdo

Es verdad que la religión se pervierte cuando se justifica la violencia pero no es menos verdad que la libertad de expresión se corrompe cuando se falta al respeto a budistas, sintoístas, hinduistas o musulmanes. Por eso no puedo aceptar que la burla de los sentimientos religiosos sea vista como libertad de expresión como tampoco que se asesine en nombre de un «dios» que ciertamente no es el cristiano.

No deja de ser fundamentalismo, en este caso laicista, el que defiende y promueve la burla de lo que el prójimo tiene por más sagrado. Condenamos a los agresores de lo sucedido en París. Esperamos que los encuentren y la justicia haga lo propio. Todo esto también puede suponer una reflexión más profunda en torno a lo que no es libertad de expresión.