martes, 26 de enero de 2010

Andrea Bocelli, un afamado artista que habla de Dios sin tapujos

Hace poco releí una entrevista que le hizo el diario Avvenire a Andrea Bocelli, justo después de la grabación de un nuevo disco del reconocido tenor italiano en Asís, allá por Navidad de 2009. Mar Velasco, del diario La Razón (España), la publicó para los que hablamos la lengua de Cervantes y, definitivamente, es una entrevista sin desperdicio, llena de fe y amor a Jesús, a María y al Papa.


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– Su concierto ha sido calificado de éxito artístico...

– Es la primera vez que he cantado aquí y es increíble el espíritu que aletea en Asís. Conozco la historia de San Francisco desde que era un niño y sigue siendo para todos nosotros un ejemplo de cómo con pocos medios se pueden hacer grandes cosas.


– ¿Cree que se está perdiendo el sentido de la Navidad?

– Creo que esta es todavía la fiesta más sentida del año, y que la gente no ha olvidado el significado auténtico de la Navidad, aunque está llena de mensajes mediáticos que van en otra dirección. Es sorprendente comprobar cómo el público sabe huir de las lógicas y las teorías del marketing y reconocer los valores más verdaderos.



– ¿Por eso ha decidido grabar este disco?

– La música escrita para la Navidad es una categoría en sí misma: llega directamente al corazón. Es algo curioso, a lo que me he acostumbrado, el hecho de que la música sacra sigue llegando a la gente; pienso, por ejemplo, en el disco de arias sacras que grabé para el Jubileo con el maestro Chung y la Orquesta de Santa Cecilia. No lo quería hacer nadie, y vendió cinco millones de copias.


– ¿Cuál es su canto navideño favorito?

– Sin duda, el villancico italiano «Tú scendi dalle stelle». No tiene rivales. Para mí es el canto de Navidad por excelencia, al cual estoy muy ligado. Desde niño esperaba con ansia el momento de poder cantarlo en la iglesia. Eso es Navidad para mí.


– Dice que ha puesto su vida «en manos del buen Dios»...

– A Él le debo todo. Yo soy desde siempre profundamente creyente, incluso desde la conciencia de mis límites y de mi pequeñez. No creo en la casualidad. Nadie dudaría de que detrás de una casa siempre hay un arquitecto. ¿Por qué el universo, que es mucho más complejo que un edificio, no debería tenerlo? Pienso en el Big Bang, la gran explosión que dio origen al cosmos. Pero el fuego no genera vida, sino que la consume. De la misma manera que nada puede nacer del hielo.
– ¿Qué papel juega la música en todo esto?
– La música es mi ADN, porque no podría concebir el mundo sin ella. Pero voy a serle sincero: mi espíritu religioso es independiente de la música. La música es, para mí, sobre todo, un don de Dios, porque sabe ser oración, pero también terapia. Por eso, he cantado y quiero cantar cada vez más música sacra.


– Se reconoce usted profundamente mariano...

– El arte musical se inclina ante la belleza de María, que es una fuente inagotable de santidad y dulzura, y también la música ha sabido inclinarse y honrarla con sabiduría. Pienso, por ejemplo, en el «Ave María» de Schubert, que tanto se escucha. Pues bien, en su origen nació como una composición pagana, porque su autor no la concibió en clave religiosa, pero su belleza, que coincide con la belleza de la liturgia, la ha transportado amorosamente a las iglesias de todo el mundo.
– Ha participado usted en el encuentro del Papa con los artistas. ¿Cómo ve a Benedicto XVI?

– Del mejor modo posible. Además, el Papa es un amante de la Música con mayúsculas, la que es buena y noble.