viernes, 16 de abril de 2010

Con algunas mujeres nada sirve excepto los golpes

Una buena amiga española me mandó un video que muestra una mesa redonda sobre un tema polémico: los golpes propinados a las mujeres en el contexto particular de países de mayoría musulmana. Es de septiembre de 2004. El título de esta entrada no me lo invento yo, lo dice el señor que aparece en el video que pongo a continuación.



Estas declaraciones insostenibles contrastan con la homilía que dio el padre Raniero Cantalamessa el pasado viernes santo ante el Papa Benedicto XVI. Decía el padre Cantalamessa (sólo extraigo la parte que nos interesa):

"...hay una violencia aún más grave y difundida que la de los jóvenes en los estadios y en las plazas. No hablo aquí de la violencia sobre los niños, de la que se han manchado desgraciadamente también elementos del clero; de esa se habla ya bastante fuera de aquí. Hablo de la violencia sobre las mujeres. Esta es una ocasión para hacer comprender a las personas y a las instituciones que luchan contra ella que Cristo es su mejor aliado.

Se trata de una violencia tanto más grave en cuanto que tiene lugar al abrigo de los muros del hogar, sin que nadie lo sepa, cuando no incluso se justifica con prejuicios pseudo-religiosos y culturales. Las víctimas se encuentran desesperadamente solas e indefensas. Solo hoy, gracias al apoyo y al aliento de muchas asociaciones e instituciones, algunas encuentran la fuerza de salir al descubierto y de denunciar a los culpables.

Mucha de esta violencia tiene trasfondo sexual. Es el macho que cree demostrar su virilidad cebándose contra la mujer, sin darse cuenta de que está demostrando solo su inseguridad y cobardía. También hacia la mujer que se ha equivocado, ¡qué contraste entre la actuación de Cristo y la que aún tiene lugar en ciertos ambientes! El fanatismo invoca la lapidación; Cristo, a los hombres que le presentaron a una adúltera, responde: “quien de vosotros esté sin pecado, que le lance la primera piedra” (Jn 8, 7). El adulterio es un pecado que se comete siempre en dos, pero por el cual uno solo ha sido (y en algunas partes del mundo lo es todavía) castigado.

La violencia contra la mujer no es nunca tan odiosa como cuando se produce allí donde debería reinar el respeto y el amor recíprocos, en la relación entre marido y mujer. Es verdad que la violencia no es sólo de una parte, que se puede ser violentos también con la lengua y no solo con las manos, pero nadie puede negar que en la gran mayoría de los casos la víctima es la mujer.

Hay familias donde aún el hombre se considera autorizado a levantar la voz y las manos sobre las mujeres de la casa. Mujeres e hijos viven a veces bajo la constante amenaza de la “ira de papá”. A estos tales habría que decirles amablemente: “Queridos compañeros hombres, creándonos varones, Dios no ha pretendido darnos el derecho de enfadarnos y dar puñetazos en la mesa por cualquier pequeñez. La palabra dirigida a Eva después de la culpa, 'Él (el hombre) te dominará' (Gn 3,16), era una amarga previsión, no una autorización
”.

Entre cristianismo e islamismo sí hay una notable diferencia respecto a la concepción de la mujer.