viernes, 30 de abril de 2010

En internet, la mejor censura es la educación

Al navegar por la red, aun por páginas de probada calidad e impecable moral, llega a suceder que de muchas formas, sin fomentarlo esos web site por los que navegamos y sin pretenderlo nosotros en conciencia, se abren portales que incitan, alimentan o arrastran al mal de múltiples maneras: páginas pornográficas o de contenidos que atentan contra la verdad de múltiples maneras (promoción de ideologías, engaños y mentiras contra verdades sobre la familia, el matrimonio, la religión, la política o la sexualidad); portales que más bien son redes para captación de distribuidores de drogas, que invitan a la violencia, a la xenofobia o al reclutamiento de niños para elaboración de materiales obscenos.

Es verdad que los filtros son hoy por hoy un medio imprescindible a la hora de firmar el contrato de internet. Sin embargo, si bien suponen una gran ayuda, deben ser complementados con otro medio más importante que no sólo sirve para cuando estemos en internet sino también en otros muchos momentos de nuestra vida y ante otros medios de comunicación capaces de alterar nuestra paz: la educación.

La educación no es únicamente el conjunto de conocimientos culturales que nos ayudan a desenvolvernos mejor académica y profesionalmente en nuestra vida; también es el bagaje de principios y valores que nos hacen más seres humanos. La educación tampoco se limita a un momento concreto de nuestra existencia pues toda la vida constituye una constante oportunidad de crecimiento y consolidación de esa educación aprendida.

El primer lugar de la educación es el propio hogar y nos viene de nuestros padres. De los padres depende que, desde la más tierna infancia, el ser humano vaya adquiriendo los conocimientos que le ayuden a ser mejor hijo, hermano, ciudadano y hombre. Las primeras nociones aprendidas en la familia son las del bien y del mal. Regar a lo largo de nuestra vida en esas primeras semillas hará que, poco a poco, se vayan convirtiendo en frondosos árboles capaces de resistir los más duros vendavales.

Otros lugares de educación son la escuela, la Iglesia, la sociedad y el trabajo. Si en esos otros lugares se logra seguir dando continuidad a esos principios que aprendimos en el hogar, alcanzaremos el reforzarlos y mantenernos sólidos incluso a pesar de la adversidad. Y si caemos, sabremos levantarnos rápidamente y volver a la senda de la virtud.

Aplicar la educación al contexto de internet es algo primordial. Una buena educación, enriquecida de una fuerza de voluntad robusta, puede alcanzarnos el vencer la tentación latente en todo hombre y mujer a decantarse por el mal aunque sea sólo por curiosidad. La mejor censura es la autocensura, la que fomentamos nosotros mismos en base a la educación, en base a ese sabio discernimiento del bien y del mal, de lo que nos beneficia y de los que nos perjudica, de lo que nos hace efectivamente hombres de lo que nos reduce a voraces animales sometidos al vaivén de las pasiones.

Pero la educación, para ser más eficaz, puede tipificarse al área concreta del uso de los medios de comunicación social (incluidos todos los otros, no nada más el internet) a través de lecciones escolares insertados en programas académicos graduales. Esto, además, de fomentar el recto uso de los mass media, ayudaría sobre manera a saber dedicarles el tiempo preciso y según los momentos adecuados. El riesgo, por ejemplo de internet, ya no es sólo el acceso a materiales perjudiciales sino a una pérdida del tiempo que, tristemente, pocas veces se valora y considera.

Desde antiguo se han reducido las virtudes a cuatro principales. Filósofos como Sócrates, Platón, Aristóteles, Macrobio, Plotino y Cicerón hablaron o escribieron expresamente de ellas considerándolas virtudes quiciales. La Sagrada Escritura nos habla de ellas en el libro de la Sabiduría (Sap 8, 7) al afirmar que nada hay más útil a la vida del hombre que la templanza, la prudencia, la justicia y la fortaleza.

No viene de sobra el aplicar cada una de esas virtudes al uso de los medios de comunicación, concretamente al que nos ocupa. Una redacción sobre esto ya la ofreceremos en otro momento.