sábado, 15 de mayo de 2010

Indiferentismo y sincretismo llevan al infierno del periodismo


Quizá en ningún otro momento de la historia del periodismo el ejercicio de la profesión había sido tan deficiente como hoy en día. Las notas parciales, las informaciones calumniosas, los reportes tendenciosos y los artículos defectuosos pueblan prácticamente la mayoría de los diarios más importantes del mundo. Y no sólo. Salvo honrosas y meritorias excepciones.

Es verdad, esto todavía no se refleja en la percepción que la gente tiene de la prensa, pues más bien es dada a dar credibilidad a todo lo que se publica, lo que no puede dejar de ser un motivo de preocupación.

A mediados de mayo de 2010 Mercator.Net publicaba un artículo titulado Appearance and reality: what Plato can teach journalists and the media (algo así como “Apariencia y realidad: lo que Platón puede enseñar a los periodistas y medios de comunicación”, 13.05.2010). Entre otras muchas cosas destacables, el autor denuncia precisamente la parcialidad en el reporte de la información y, en ese sentido, la falta de verdad en muchas de las noticias. La denuncia sería una más de no ser por lo que afirma a continuación: hay una complicidad por parte del público y se llama indiferentismo.

David S. Oderberg también escribe sobre el “sincretismo periodístico”, es decir, la actitud que viene a decir que cualquier “historia” es tan buena como cualquier otra. Y afirma que muy pocos se salvan de este defecto.

Indiferentismo y sincretismo remiten al problema de la verdad, que conjuga transgresiones, omisiones y supresiones informativas. Una de las aseveraciones más incisivas de Oderberg es aquella cuando dice: “Que hay un problema de la verdad de los medios de comunicación no significa que la verdad sea un problema para los medios de comunicación”. Y a partir de ahí repropone el famoso mito de la caverna, de Platón, como inspiración para que los periodistas busquen la sabiduría-verdad en todas partes o, todavía mejor, para que se conviertan en verdad. De ahí nace espontánea la pregunta que lanza el autor: “Si uno no tiene interés en decir la verdad, o no está permitido, o es forzado a la auto-censura insidiosa que infecta a los medios de comunicación de arriba a abajo, ¿cuál es el punto de ser periodista? ¿Por qué molestarse, cuando hay tantas profesiones igualmente gratificantes y menos onerosas moralmente en las que se puede participar?”.

Oderberg recuerda también el poder de internet para los ciudadanos de hoy: no hace falta ser una multinacional para hacer oír nuestra voz, si bien la sola intención no basta por sí mismo ni garantiza el éxito de un proyecto. Debo decir que la primera persona que me hizo ver este potencial fue Eulogio López, director de Hispanidad.com, en una entrevista que me concedió hace un par de años.

Después de leer el artículo de Mercator.Net recordé un video que vi hace tiempo. Toda una radiografía de buena parte del periodismo actual y un destino no muy lejano para quienes están adelantando ese infierno a su profesión y a la vida de tantos otros seres humanos a los que arrastran a compartir su mismo destino.