martes, 22 de junio de 2010

Los vaticanistas, los rumores y los Legionarios de Cristo



Las numerosas notas que han aparecido en la prensa, a propósito de la doble vida del fundador de los Legionarios de Cristo, han puesto de manifiesto el vivísimo interés mediático por esta congregación religiosa en particular.

Quien escribe pertenece a esa familia religiosa y tiene una rica experiencia en el análisis ético de la información socio-religiosa. Para que no haya lugar a equívocos, he de decir que los calificativos usados en el comunicado de la Santa Sede para describir el comportamiento del padre Maciel expresan con claridad lo que muchos sentimos y reprobamos con la misma fuerza, convicción y claridad que el comunicado.

De entre los muchos puntos que pudiéramos abordar quiero centrarme esta vez en el del nombramiento del delegado apostólico que espera la Legión de Cristo.

Los rumores se han sucedido desde que fuera publicado el comunicado de la Santa Sede el pasado 1 de mayo de 2010.

Sandro Magister fue el primero en insinuar que el cardenal Juan Sandoval Íñiguez sería el delegado apostólico (véase enlace). La agencia aci prensa (véase enlace) hizo eco de aquella primera conjetura y de ahí la voz corrió como reguero de pólvora, al grado de “obligar” al cardenal Íñiguez a manifestar su parecer.

Tiempo después, fue el mismo Sandro Magister quien hizo entrar en la quiniela a mons. Ricardo Ezzati, arzobispo de Concepción, en Chile; y a mons. Giuseppe Versaldi, obispo de Alessandria, en Italia (véase el artículo aquí). Ambos había sido visitadores apostólicos. Una vez más, la agencia aci prensa replicaba lo que no dejaba de ser una mera hipótesis personal de Sandro Magister (aquí la nota de prensa publicada).

Más recientemente, Andrea Tornielli especulaba sobre el nombramiento de mons. Velasio de Paolis como delegado apostólico para la Legión de Cristo (véase el texto en este enlace). Aci prensa volvía a dar paso a las cavilaciones en su portal y lo mismo hacía la agencia Rome Reports dedicando un video-reportaje (en lo que, por lo menos hasta ahora, sigue sin ser confirmado).

Algo similar hacían Religión Digital y El País, entre tantos otros medios de comunicación, agencias de noticias, como EFE, y periódicos.

Llama la atención que algunos medios de orientación católica den paso a las especulaciones sin más certeza que la opinión del vaticanista en turno.

Podría pensarse que es justo servir de altavoz a este tipo de informaciones contrapuestas. Diego Contreras dice al respecto: “El problema se presenta cuando esta estrategia se aplica indiscriminadamente y como sistema […] Se finaliza por sustituir la búsqueda de la verdad posible con un subrogado que ofrece la apariencia de verdad. Es el triunfo de la pereza profesional” (cf. Il conflitto come “valore giornalistico”, Sphera Pública 006, 2006, p. 81).

Por cuanto respecta a la ética de la información, Benedicto XVI fue muy claro cuando en el mensaje para la XLII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales dijo: “Hoy, de manera cada vez más marcada, la comunicación parece tener en ocasiones la pretensión no sólo de representar la realidad, sino de determinarla gracias al poder y la fuerza de sugestión que posee. Se constata, por ejemplo, que sobre algunos acontecimientos los medios no se utilizan para una adecuada función de informadores, sino para “crear” los eventos mismos […] Es necesaria en este ámbito una info-ética”.

Y en palabras más duras, aplicables también –con matices– a este contexto, decía el Santo Padre el 8 de diciembre de 2009: “Cada día los periódicos, la televisión y la radio nos cuentan el mal, lo repiten, lo amplifican, acostumbrándonos a las cosas más horribles, haciéndonos insensibles y, de alguna manera, intoxicándonos, porque lo negativo no se elimina del todo y se acumula día a día. El corazón se endurece y los pensamientos se hacen sombríos” (le texto completo se puede leer aquí.

Sobre los vaticanistas he de decir que valoro mucho su trabajo. En algunas ocasiones me he beneficiado de sus análisis. Seguramente que en la mayoría de los casos tratan de ofrecer información por amor a la verdad. Sin embargo, no se puede olvidar que el rumor no es ni valor periodístico ni virtud humana, menos cristiana.

Por cuanto respecta a las filtraciones de información, estos hechos representan un problema. Dice Fernando Pascual al respecto (cf. Blogger, periodistas e Iglesia católica, en Análisis y Actualidad, boletín telemático n. 28, 8 de junio de 2010):

“Una primera situación problemática tiene su origen en la filtración de noticias e informaciones que son vendidas o publicadas en el mundo digital por quienes, desde el respeto a la ética profesional, deberían guardar secreto sobre las mismas.

Pensemos, por ejemplo, en rumores y noticias sobre futuros nombramientos de obispos, sobre cambios en la curia vaticana, sobre documentos que el Papa va a publicar en el futuro.

Muchos de esos hechos futuros son conocidos por un grupo reducido de personas que están obligadas, por fidelidad a principios válidos de la ética profesional, a guardar secreto sobre los mismos. Algunas de las personas implicadas, incluso, tienen un juramento que les vincula a no divulgar información reservada.

A pesar de lo anterior, hay noticias que se filtran, a veces con semanas de antelación. Los medios informativos pueden, entonces, “disfrutar” con la exclusiva, adelantarse a los hechos, incluso provocar confusión o caos en el mismo Vaticano o en otras personas implicadas que se enteran de una futura (o simplemente posible) decisión por internet y por la prensa y no directamente de quienes deberían informarles.

Quien falta a su secreto profesional comete una falta sumamente grave. Quien lo hace por “juegos de palacio”, por ambiciones personales, para “reventar” un nombramiento o arruinar a sacerdotes u obispos, incluso para dañar al Papa o a la Curia, comete un delito que puede ser punible desde el punto de vista jurídico; pero también daña de modo más o menos serio a la Iglesia y a la sociedad, porque faltas en este campo pueden provocar graves consecuencias, a veces no previstas pero no por ello menos relevantes.

Quien filtra información simplemente por amor a dinero, es decir, quien se “vende” a los periodistas o a bloggers de internet, cae en una forma de bajeza que merece compasión y, desde luego, un castigo adecuado.

¿Cometen también algún tipo de falta los bloggers y los periodistas que acogen con fruición y difunden rápidamente estas informaciones reservadas, casi con la ansiedad de vender la “exclusiva” y de ganar el primer lugar en la guerra de las noticias? Como dice el refrán, tanto peca el que mata la vaca como el que le sujeta la pata. Es decir, no habría filtraciones de noticias si todos los periodistas y los bloggers fueran honestos y no publicasen ningún dato que se encuentre bajo una legítima reserva, que debería estar tutelado por el secreto profesional.

Por desgracia, a la bajeza de quienes divulgan datos faltando a su secreto profesional, se une la bajeza de informadores ansiosos de ser los primeros, de coger desprevenido al Vaticano con sus anticipaciones y sus “triunfos”. Se trata, sin embargo, de “triunfos” miserables, pues nunca logra una victoria verdadera quien divulga lo que no debe divulgar o quien contribuye al delito de otros y se enriquece a base de filtraciones ilegales de noticias”.


Por hablar con datos en la mano, no está de más recordar que en enero de 2010 la Santa Sede lamentó –por vía oficial, es decir, por medio de la sala de prensa– la filtración de un documento de la Comisión Mixta Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa. Quien lo ventiló ante los medios de comunicación fue Sandro Magister.

Hasta el momento la Santa Sede no ha hecho público el nombramiento del delegado apostólico para la Legión de Cristo. Las comunicaciones oficiales siguen canales oficiales.

Puede ser que algunos de los mencionados resulte efectivamente nombrado o que incluso la quiniela engrose en los próximos días de acuerdo a la opinión del vaticanista en cuestión.

Todo lo anterior nos invita, en definitiva, a ponderar los valores auténticos del periodismo de verdad, a no dejarse llevar por el vaivén de las opiniones y a ser más críticos con la información que se recibe. Incluso, como está visto, de medios de orientación católica.