lunes, 11 de octubre de 2010

El Nobel de medicina para Edwards, el de noticias para el Vaticano

El Nobel concedido a la fecundación in vitro, en la persona de Robert Edwards, ha regalado multitud de artículos en la prensa digital e impresa.

Paradójicamente, no ha sido la persona del galardonado la que ocupó los titulares; en cierta forma tampoco el premio ni la fecundación in vitro en sí misma.

Es sabido que la controversia capta la atención de un público dispuesto a consumir conflictos y que por ello, cuando la noticia “en seco” no vende, hay que ayudarla para que reditúe. Y esto es lo que han hecho no pocos medios de comunicación al apelar a la opinión “del Vaticano” sobre el premio concedido a la fecundación in vitro en la persona de Edwards.

Los titulares han tendido a algo recurrente: la imagen del Vaticano opuesto a la ciencia. Así, la prensa internacional regaló cabeceras como “Vaticano critica Nobel a fecundación in vitro” (El Universal, México, 04.10.2010); “El Vaticano critica el Nobel al padre de la fecundación asistida” (Antena 3, España, 05.10.2010); “El Vaticano critica la concesión del Nobel al padre de la fecundación asistida” (BBC, Reino Unido, 04.10.2010); “El Vaticano critica la concesión del Nobel al padre del bebé probeta” (El Mundo, España, 04.10.2010); “El Vaticano critica Nobel a Edwars” (La Gaceta, Argentina, 05.10.2010), entre multitud de artículos en la misma línea.

Desde luego no fueron sólo los titulares. The Times refería en un artículo del 5 de octubre: “La Iglesia Católica, Apostólica y Romana se opone a algunas fecundaciones in vitro por considerar que pueden implicar la destrucción de embriones. (...) Por lo general, las clínicas de fertilidad fertilizan muchos óvulos y a menudo implantan dos para maximizar la probabilidad de que sobreviva uno. Los diminutos embriones restantes se congelan luego o se descartan. Pero no hay nada contra la vida en la fecundación in vitro: los embriones se crean para producir bebés y permiten ser padres a parejas que desean tener un hijo suyo. La propia naturaleza crea y fertiliza muchos más óvulos de los que acaban siendo bebés. También se pueden reservar células embrionarias, en una etapa temprana, para obtener células madre. La investigación con células madre brinda la promesa de encontrar una cura para procesos debilitantes como la enfermedad de Parkinson. (...) El pionero de la fecundación in vitro merece con creces el reconocimiento del comité de los Nobel, al igual que lo ha recibido de miles de padres cuyas vidas ha tocado".

Se deben hacer precisiones al artículo de The Times pues “descartar embriones” es un modo eufemístico para decir asesinatos.

Desde luego nadie pone en duda los méritos de Edwards (aunque The New York Times y Le Figaro sí expresaron su sorpresa pues el premio llegó después de 30 años, es decir, era inoportuno); “Aquí no se trata de discutir los méritos de Edwards –decía Francesco D´Agostino, citado por Andrea Galli en el diario Avvenire (cf. Nobel alla provetta: vince l´ideologia, 05.10.201)–, la motivación estrictamente técnica del premio no es sindicable, lo que debe ser sindicable es que no todo éxito puede ser avalado independientemente del método con el cual se obtuvo. Se dice que un gran escritor como Borges no recibió nunca el Nobel porque era muy de derechas; verdadero o no, de hecho la academia sueca siempre ha tenido presente la personalidad del premiado y sus, digamos así, metodologías”.

Y más adelante dice que el Nobel para Edwards “avala una medicina privada de sensibilidad ética”, para luego reflexionar sobre por qué nunca se le dio a Christiaan Barnard, autor del primer trasplante de corazón.

Un ejercicio de comprensión invitaría a considerar si, efectivamente, un encabezado como lo mencionados arriba coincide verdaderamente con lo que pudo haber dicho alguien en la Santa Sede. ¿Qué se dijo y quién lo dijo?

La agencia ZENIT publicó el 5 de octubre de 2010 una declaración de monseñor Ignacio Carrasco de Paula, presidente de la Academia Pontificia para la Vida. Tomando las partes más importantes, la declaración decía:

“… La opción de Edwards no parece que esté totalmente fuera de lugar. Por una parte, forma parte de la lógica perseguida por el Comité que asigna el Nobel, por otra parte el científico británico no es un personaje que pueda minusvalorarse: comenzó un nuevo e importante capítulo en el campo de la reproducción humana, cuyos mejores resultados están ante los ojos de todos, comenzando por Louise Brown, la primera niña nacida de la fecundación in vitro, que ya tiene treinta años y a su vez es mamá, de manera totalmente natural, de un niño.

¿Las perplejidades? Muchas: sin Edwards no se daría el mercado de los ovocitos; sin Edwards no habría congeladores llenos de embriones en espera de ser transferidos a un útero o, más probablemente, de ser utilizados para la investigación o de morir abandonados y olvidados por todos.

Diría que Edwards inauguró una casa pero abrió la puerta equivocada, pues apostó todo en la fecundación in vitro y permitió implícitamente el recurso a donaciones y compra-ventas que involucran a seres humanos. De este modo no ha modificado el marco patológico y el marco epidemiológico de la infertilidad. La solución a este grave problema vendrá por otro camino menos caro y que ya se encuentra avanzado. Es necesario tener paciencia y tener confianza en nuestros investigadores y médicos”.

Como se ve, al acudir a la fuente original la lectura es más enriquecedora y la cultura de “titulares” queda superada por la de la profundización pausada.

Y por añadir una cosa más, recordar que las declaraciones oficiales asignadas al Vaticano como tal, salen del portavoz del Vaticano, que es el padre Federico Lombardi. Las opiniones y declaraciones a título personal o en cuanto presidente o jefe de un dicasterio no pueden ser tomadas, por el hecho mismo, como “declaraciones del Vaticano”.

Así las cosas, el Nobel de medicina, con sus luces y sombras, ha premiado a la fecundación in vitro, en la persona de Edwards. No hay premio Nobel de noticias, de otro modo, sería obvio que con tantos titulares polémicos asignados a la Santa Sede, sería ella la ganadora absoluta. Aunque, como se ve, no siempre coincidan lo que “dicen que dijo” con lo que verdaderamente y de modo oficial declaró o hizo tanto en éste como en tantos otros casos.