lunes, 4 de octubre de 2010

Religión: los prejuicios del periodismo

Que la información religiosa suscita interés tanto por parte de creyentes como por parte de quienes no lo son, es una realidad constatable por los espacios a ella concedidos en los medios de comunicación occidentales.

Sin embargo, la calidad del periodismo sobre este tipo de informaciones varía según el medio que publica y, en la mayoría de los casos, denotan una deficiente gestión de las noticias o una deliberada manipulación de los hechos. Si además se trata del catolicismo en particular, a la mala gestión y manipulación se le suman la hostilidad, el prejuicio, la calumnia, e incluso la mentira.

No es necesario remontarse años atrás para evidenciar estos modernos vicios del “periodismo” religioso.

Imprecisiones culpables

En las semanas previas al viaje de Benedicto XVI a Gran Bretaña diversos medios (véase, por ejemplo, el diario español El País) refirieron que el Papa cobraría la entrada a las misas que celebraría en Escocia e Inglaterra.

La realidad era bien diversa: se trataba de una aportación voluntaria, y por tanto no obligatoria, para ayudar a sufragar los gastos de la visita pontificia. En ese mismo contexto, la coordinación para la visita del Papa ofreció los así llamados “pasaportes del peregrino”, un paquete que incluye información, comida, hospedaje y transporte y que ciertamente implicaba una cooperación de bajo coste, pero no para “entrar a las misas” que, por lo demás, fueron al aire libre.

Tergiversaciones

Una tergiversación reciente fue el error de traducción en unas declaraciones de monseñor Agostino Marchetto (por entonces secretario del Consejo Pontificio para los Emigrantes e Itinerantes) a la agencia I-Media. En la entrevista del 26 de agosto de 2010 el prelado italiano fue interrogado en francés sobre la expulsión de gitanos en Francia. Una parte de la respuesta –también dada en francés– fue traducida en presente por la prensa italiana, lo que daba un matiz distinto a la respuesta original, en pasado, y que tocaba el sensible tema del holocausto. Las reacciones contra monseñor Marchetto no se hicieron esperar.

Otra tergiversación reciente fue la inadecuada interpretación del mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Juventud (el texto íntegro se puede leer aquí). Programas de radio y televisión criticaron palabras que Benedicto XVI nunca pronunció. Concretamente se le adjudicaban al Papa palabras como “Dios está antes que un puesto de trabajo”, queriendo “evidenciar” lo lejano que estaría el Pontífice de la realidad de las personas.

La invención valió una reflexión del director del diario italiano Avvenire, Marco Tarquino, pidiendo a los periodistas respeto y comprensión hacia la verdad de lo que el Papa dice y hace.

En el contexto del viaje de Benedicto XVI a Gran Bretaña, el diario El País suplantó una palabra de un servicio de prensa de la agencia EFE (cf. 17.09.2010). Publicaba El País: “En el lugar donde Tomás Moro fue condenado a muerte en 1535 por adjurar de la fe católica, la llamada Westminster Hall, la parte más antigua del Parlamento británico, pronunciará un discurso ante una amplia representación del mundo político y eclesiástico con presencia de miembros de las Cámaras de los Comunes y los Lores, ex primeros ministros y líderes religiosos, informa Efe”. En realidad EFE informó –y también con una palabra equivocada– que Tomás Moro “abjuró” (abjurar: retractarse, renegar, a veces públicamente, de una creencia o compromiso que antes se ha profesado o asumido), no que “adjuró” (adjurar: rogar encarecidamente).

El mismo diario tiene un modo, por así decir, curioso de informar. El 16 de septiembre publicaba un artículo según el cual “Entre la ciudadanía, la visita de Benedicto XVI al país suscita más indiferencia que expectación”. Desde luego la información no está acompañada de una fotografía que fácilmente habría desmentido la afirmación.

Acentos sospechosos y manipulaciones

Es notorio y significativo que los temas que implican una dosis de imagen negativa para la Iglesia sean exprimidos hasta la saciedad. Es el caso específico del tema de los abusos, pero no sólo.

A inicios de septiembre el diario británico Independent publicó una nota según la cual en los últimos 50 años más de 10 mil personas sufrieron violación por parte de un sacerdote católico. Desde la revista Spiked, su editor, Brendan O´Neill (quien además es ateo), explicó en una columna que el dato es una mentira y cuestionó la manipulación de las cifras por parte de ese periódico.

Días antes, a finales de agosto, la Conferencia Episcopal Belga dio a conocer el triste informe sobre los abusos por parte de sacerdotes en aquel país europeo. Desde luego las noticias se decantaron por los datos negativos del informe, pero apenas si se dio cobertura a la iniciativa de la misma Conferencia Episcopal sobre la constitución de una institución de ayuda para las víctimas.

La cobertura dada a este caso difiere mucho de la que ofreció a los registros “danbrownianos” del 24 de junio pasado, cuando policías belgas registraron el arzobispado de Malinas-Bruselas, retuvieron injustificadamente a los obispos reunidos en asamblea (privándolos de comida y comunicación), e incluso abrieron dos tumbas de cardenales difuntos en la catedral, bajo el pretexto de buscar pruebas. La Justicia belga invalidó recientemente los registros y los ha declarado ilegales.

Otra “noticia” reciente fue el caso del Instituto para las Obras de las Religiones (IOR) a los que algunos llaman equivocadamente “banco del Vaticano”. Las cabeceras de los diarios dispararon titulares (por ejemplo el diario La Repubblica) que apuntaban a reflejar o sugerir que el Vaticano “blanqueaba” dinero y que el actual presidente, Ettore Gotti Tedeschi, estaba impulsando esa práctica.

Ya el planteamiento estaba viciado, precisaba contexto y un vocabulario correcto. Viciado porque el procedimiento de la fiscalía romana no significaba una sentencia sino una acción cautelar; contexto porque se trató de una transacción por tesorería hacia instituciones crediticias no italianas (cuyo destinatario es el IOR), además que apenas si se ha mencionado que el Instituto para las Obras de las Religiones está por entrar en la así llamada white list que acredita a instituciones financieras limpias del tipo de operaciones de las que se le acusan; y vocabulario adecuado porque, como está dicho, la Santa Sede no tiene un banco.

Por si eso no fuera suficiente, los datos informativos necesarios han estado disponibles en la oficina de correspondiente de la Banca de Italia, además que el proceder es ordinario en otros institutos de crédito italianos. Gianni Alemano, alcalde de Roma, ha salido al paso destacando la seriedad de Gotti Tedeschi. Por su parte, el mismo Gotti refería al diario financiero Il Sole 24 ore (cf. 24.09.2010): “Se está usando un error de procedimiento como una excusa para atacar al instituto, a su presidente y al Vaticano en general”.

El 23 de septiembre de 2010, el portavoz de la sala de prensa de la Santa Sede envió una carta al diario económico más importante, Financial Times, evidenciando los errores publicados por la prensa y dejando en claro qué es el IOR y cuál ha sido la situación particular.

Disparidad de trato y necesidad de especialización en periodismo religioso

La cobertura no siempre transparente de algunos acontecimientos relacionados con la vida de la Iglesia contrasta con la omisión de otros eventos que precisarían al menos de una mención de una línea en la hoja menos atractiva de un diario generalista.

A mediados del mes de julio de 2010 una estudiante paquistaní de enfermería, Magdalena Asraf, fue golpeada, violada y despeñada desde el cuarto piso del Jinnah Postgraduate Medical Center. El autor del ultraje fue un médico musulmán. Las mujeres cristianas, como es el caso de Magdalena, son el grupo más expuesto a vejaciones y violencia en un país de mayoría islámica como Pakistán. Salvo en la prensa católica, la noticia no tuvo repercusión en la prensa laica.

El desinterés por los casos de cristianofobia, como el de Magdalena, no es único. No siempre implican agresiones físicas, es verdad, otras veces conllevan la vida.

Tras la iniciativa del pastor Terry Jones para quemar el Corán por el noveno aniversario del “11 de septiembre” (acto que al final Jones no llevó a cabo), al menos 19 cristianos fueron asesinados en la India, una escuela fue quemada y la violencia se multiplicó contra las familias de católicos y protestantes. El mutismo de los media internacionales, salvo alguna honrosa excepción (como el periódico italiano La Stampa), fue la línea seguida.

Se echa de menos un profesionalismo auténtico en el quehacer periodístico. “La especialización –dice Niceto Blázquez en La nueva ética en los medios de comunicación– es un imperativo del progreso científico y cultural de nuestro tiempo y los informadores tienen que hablar a veces sin conocimiento suficiente de los asuntos que constituyen el objeto de sus informaciones. Cada vez se hace más necesaria la especialización de informadores en campos específicos”. Y desde luego, la información religiosa es uno de esos campos en los que urge esa especialización. De otro modo queda la duda si la persona es incapaz de informar adecuadamente, es decir, contando la verdad, o si una vez más el prejuicio anti-católico sigue siendo el último prejuicio aceptado.