sábado, 23 de octubre de 2010

Sólo semillas

Raramente uno se suele detener en esos correos electrónicos masivos con presentaciones de power point o textos que dicen solucionarte la vida. Algunos son kilométricos e insustanciales.

Recibí uno que es distinto y os lo comparto. Realmente una buena reflexión (además breve) con una estupenda lección de vida. Se llama como el título de este post, "Sólo semillas".

***

Cuentan que un joven paseaba una vez por una ciudad desconocida, cuando, de pronto, se encontró con un comercio sobre cuya marquesina se leía un extraño rótulo: «La Felicidad».

Al entrar descubrió que, tras los mostradores, quienes despachaban eran ángeles. Y, medio asustado, se acercó a uno de ellos y le preguntó:

«¿Qué venden aquí ustedes?».
«¿Aquí? –respondió el ángel-. Aquí vendemos absolutamente de todo».
« ¡Ah! –Dijo asombrado el joven-. Sírvanme entonces el fin de todas las guerras del mundo; muchas toneladas de amor entre los hombres; un gran bidón de comprensión entre las familias; más tiempo de los padres para jugar con sus hijos…».

Y así prosiguió hasta que el ángel, muy respetuoso, le cortó la palabra y le dijo:

«Perdone usted, señor. Creo que no me he explicado bien. Aquí no vendemos frutos, sino semillas».

En los mercados de Dios siempre es así. Nunca te venden amor ya fabricado; te ofrecen una semillita que tú debes plantar en tu corazón; que tienes luego que regar y cultivar minuciosamente; que has de preservar de las heladas y defender de los fríos, y que, al fin, tarde, muy tarde, quién sabe en qué primavera, acabará floreciéndote e iluminándote el alma.

Esa semillita se llama «amor». Y da como fruto la bondad, la generosidad, la comprensión, la alegría, la paz, etc.