lunes, 15 de noviembre de 2010

La sangre obliga a los medios a no cerrar los ojos

La situación de los cristianos en Medio Oriente, especialmente en los países de mayoría islámica, es cada día más grave. La masacre de fieles y sacerdotes católicos de finales de octubre de 2010 puso en evidencia lo que en tantas otras ocasiones se ha silenciado: la persecución que de hecho padecen los cristianos.

Duele especialmente porque son hermanos en la fe. Duele porque no es una situación de un día –lo que ya sería de por sí deplorable–: es su cotidianidad. Antes de seguir ofrezco un video (las escenas pueden lastimar la sensibilidad de algunos) de la ejecución de más de cincuenta personas en una catedral católica de Bagdag, Iraq. Son de hace 16 días. Sacerdotes acribillados, bebés matados, familias destruidas…


Por fortuna, esta vez los medios laicos les han dedicado espacios. Lo ha hecho recientemente, por ejemplo, la revista TIME (que no es precisamente amiga de la fe cristiana) con un artículo que, además, denuncia la deportación de iraquíes cristianos que están en países europeos.

Desde luego se agradece que se les dé el espacio debido, pero es triste que se haya tenido que esperar a ver la sangre correr para advertir y mostrar la persecución a toda regla que están viviendo los cristianos no sólo en Iraq. Piénsese en las masacres por parte de radicales hindúes, en India, donde han quemado vivas a familias cristianas enteras por el sólo hecho de creer en Cristo.

¿Podrían rezar por ellos?

Otros casos recientes:

Una mujer paquistaní a punto de ir a la horca por su fe (ReligionenLibertad, 15.11.2010).

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