lunes, 7 de febrero de 2011

Los teólogos, el Papa y la castidad

Hay que remontarse a 1989 para recordar el manifiesto mediáticamente más importante sobre invectivas que cuestionan la disciplina y la fe de la Iglesia católica por parte de algunos que se dicen parte de ella. Nos referimos a la «declaración de Colonia», un texto firmado por más de 200 teólogos.

En la misma dirección, un nuevo documento («Kirche 2011, Ein notwendiger Aufbruch»: «Iglesia 2011, una vuelta necesaria») ha encontrado amplísimo eco en la prensa generalmente dada a servir de altavoz para todo tipo de diatribas contra la Iglesia.

Publicado originalmente el 4 de febrero de 2011 en el «Süddeutsche Zeitung», el memorándum pronto se presentó como el sentir mayoritario de los teólogos en particular y de los fieles en general. No ha importado que el número de los firmantes se menor que en 1989, 143 (sintomático que incluso los medios-altavoces no atinen a decir, en base a la realidad, los datos exactos de los infrascritos: «Konradsblatt on line» habla de 150 profesores de teología, «La Stampa» dice que 160, «Témoignage chrétien» que 150, «cerca de 144 teólogos”, dice «El País»…).

¿Por qué ha causado tal revuelo? Por dos motivos: por quienes lo firman (teólogos «católicos») y por lo que en el memorándum piden. ¿Qué exigen? Sustancialmente seis puntos: 1) participación de los fieles en la elección de párrocos y obispos (democratización de la Iglesia), 2) sacerdotes casados y mujeres sacerdotes, 3) nuevas jurisdicciones administrativas eclesiales, 4) aceptación del divorcio y de las uniones entre personas del mismo sexo, 5) no al rigorismo moral entendido como una moral más laxa y 6) celebraciones litúrgicas menos tradicionalistas (se puede leer el texto integral traducido del alemán al italiano en el siguiente enlace).

Ante la trascendencia mediática, la Conferencia Episcopal Alemana hizo una aclaración el 4 de febrero. En ella manifestaba que lo exigido en el memorándum son «ideas debatidas con frecuencia». Efectivamente, los puntos mediáticamente más explotados del documento son tópicos típicos que han pasado a formar parte del bagaje de los prejuicios dominantes en relación a la Iglesia. Como se ve, estos clichés han migrado también a quienes han pasado por facultades de teología. Y quizá esto sea lo más significativo.

Llama la atención que sean precisamente teólogos alemanes, suizos y austriacos, en su mayoría de sectores liberales y progresistas (también hay alguno que no lo es), quienes olviden la experiencia de los años 80´s. Aquella «declaración de Colonia» ha pasado a la historia más como un recuerdo anecdótico sobre explotado por los medios-altavoces que como un afán sincero de diálogo basado en la verdad bíblica que está a la base de la teología (y que debieron aprender y profundizar ya como estudiantes). Habría que identificar mejor si lo que se busca es realmente lo que beneficia a la Iglesia o un titular que durará muy poco; no se puede olvidar que la Iglesia es un don de Dios y no una construcción que cada uno hace a su antojo.

En el libro-entrevista «Luz del mundo» Benedicto XVI adelantó una respuesta a éstas y otras inquietudes.

Sobre el celibato dijo: « El celibato es siempre, por así decirlo, un ataque a lo que el hombre piensa normalmente, algo que sólo es realizable y creíble si Dios existe y si, a través del celibato, lucho por el reino de Dios. En tal sentido el celibato es un signo de índole especial. El escándalo que suscita consiste también en el hecho de que muestra que hay hombres que creen en eso. En ese sentido, ese escándalo tiene también su lado positivo».

Y sobre el acceso de las mujeres al sacerdocio recordó: «La no-posibilidad de la ordenación de mujeres en la Iglesia católica está claramente decidida por un non possumus del magisterio supremo. La Congregación para la Doctrina de la Fe así lo sostuvo bajo el pontificado de Pablo VI en el documento titulado Inter Insigniores, del año 1976. Juan Pablo II lo confirmó en su carta apostólica Ordinatio Sacerdotalis. En ese documento, haciendo referencia a «la constitución divina de la Iglesia», declara él en virtud de su ministerio que «la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia». ¿Motivos de esta imposibilidad? «la Iglesia no tiene «en modo alguno la facultad» de ordenar a mujeres. No es que, digamos, no nos guste, sino que no podemos. El Señor dio a la Iglesia una figura con los Doce, y después, en sucesión de ellos, con los obispos y los presbíteros (los sacerdotes). Esta figura de la Iglesia no la hemos hecho nosotros, sino que es constitutiva desde Él. Seguirla es un acto de obediencia, una obediencia tal vez ardua en la situación actual. Pero justamente esto es importante, que la Iglesia muestre que no somos un régimen arbitrario. No podemos hacer lo que queremos, sino que hay una voluntad del Señor para nosotros a la que hemos de atenernos aún cuando, en esta cultura y en esta civilización, resulte arduo y difícil».

Vistas así las cosas, el memorándum no pasa de ser una oportunidad para rellenas titulares y como manifestación de que algunos teólogos no aceptan el Magisterio eclesial. Por fortuna la mayoría de los teólogos no sólo lo aceptan sino que además lo viven.