miércoles, 2 de febrero de 2011

«Luz del mundo»: lo que Seewald no le preguntó al Papa

El libro-entrevista «Luz del Mundo» se ha convertido no sólo en un éxito editorial (50 mil copias vendidas de la primera edición en lengua italiana –con segunda edición por salir ya completamente agotada–, 100 mil en lengua inglesa, 80 mil en francés y 200 mil en alemán. No tengo datos oficiales de la edición en español. Publicado en más de 20 idiomas, en total asciende a más de un millón de ejemplares: ¡un bestseller!), sino también en la oportunidad de conocer de cerca la clarividente mente del Papa sobre temas actualísimos.

He tenido de oportunidad de leer «Luz del mundo» en dos ocasiones (una en lengua italiana y otra en español) y durante las últimas semanas de enero también lo he estado escuchando durante las lecturas en el comedor. La variedad de temas (papel de la mujer en la Iglesia, pederastia, relación con el islam y el hebraísmo, la fe en el mundo secularizado, sexualidad, celibato sacerdotal, la comunicación en la Iglesia, el caso de los lefebvristas y tantos otros) le dan un toque de sumo interés pues es el Papa mismo quien responde con esa visión tan amplia que tiene de la Iglesia y del mundo. Hay preguntas «incómodas» pero no por eso las evade Benedicto XVI. Y ya en eso hay muchísimo valor.

Pero se echa de menos que en la riqueza y variedad de los interrogantes no haya uno explícito sobre la salud del Papa. Las jornadas de trabajo del Pontífice son realmente agotadoras. Su agenda siempre está llena. Y más de una vez me he preguntado si al Papa no le duele la cabeza, la muela, le da gripa, etc. En estos ya casi 6 años de pontificado no se ha cancelado ninguna actividad «por motivos de salud» (lo que sí suele abundar en la vida de otro líderes religiosos, políticos y estrellas del cine y de la música).

En el libro hay varias cuestiones sobre la vida privada de Benedicto XVI (qué sintió cuando lo eligieron, cómo pasa la Navidad, con quién come, cómo se entretiene, cómo reza, qué programas de tevé suele ver, película favorita, si hace deporte, etc.). Pero hubiera sido muy enriquecedor poder conocer de primera mano qué hace el Papa cuando, como a todo mortal, le duele la cabeza, por poner un ejemplo. Y ya es de admirar que a su edad siga siendo capaz, realmente MUY capaz, de llevar con tanto tino a la Iglesia católica. No vemos –quizá tampoco conoceremos– todos esos momentos de dolor causados por motivos de salud. Y esto nos lleva precisamente a valorarlo más.