jueves, 3 de marzo de 2011

Asesinado

Estaba activo en la política desde 1985. Servía a su país porque su fe le animaba a dar lo mejor de sí mismo no sólo por la minoría a la que pertenecía sino también por esa mayoría hostil que le veía como extranjero en su propia patria.

Le habían amenazado de muerte si no desistía de sus cuestionamientos acerca de la licitud de una ley que a fuerza de violencia apagaba las vidas y extinguía la libertad de otros cristianos como él. Era pakistaní como pakistaní son Asia Bibi y Agnes Nuggo, dos mujeres cuyos minutos, horas, días y meses transcurren tras las rejas inculpadas de haber blasfemado contra el islam.


Bhatti fue el primer católico en asumir un ministerio como el que llegó a ocupar (el de minorías) en Pakistán. Y fue también su fe la que le mereció la muerte arrebatada de forma violenta en un momento de la historia en que ser cristiano, tanto en Pakistán como en Occidente, se mira con tal denuedo.

Apenas en septiembre de 2010 manifestó al diario vaticano, L´Osservatore Romano, su temor ante las constantes amenazas, pero también dijo con firmeza que quería ser «la voz de los sin voz hasta el último momento de su existencia».

Hoy los cristianos de Pakistán, una minoría oprimida a fuerza de violencia, parecen quedar mudos. Les mataron a su altavoz. Y este "silencio" es un grito desesperado que clama a las conciencia de todos esos gobiernos para quienes la masacre diaria de cristianos en países de mayoría islámica dice realmente muy poco. Y quizá lo que más llame la atención es que en los lugares donde el cristianismo permeó la cultura también padezca otro tipo de persecución y apenas haya algún político espabilado que alce la voz y lo denuncie.

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