domingo, 24 de julio de 2011

«Amaos como yo os he amado», publicación de dos legionarios con prólogo del Card. Velasio De Paolis

A finales del pasado mes de junio de 2011, la conocida casa editorial «Planeta» publicó el libro «Amaos como yo os he amado», un texto del cual son coautores los padres Héctor Guerra, L.C., y Juan Pablo Ledesma, L.C.

«Amaos como yo os he amado» es una obra en castellano de 304 páginas sobre la caridad, alma del cristianismo. El Cardenal Velasio De Paolis, delegado pontificio para los Legionarios de Cristo, radactó el prólogo para esta publicación (al final de este texto se reproduce íntegramente).

La sinopsis de este libro de la colección «Planeta Testimonio» es la siguiente: «La caridad no es un carisma propiamente dicho, sino mucho más: es la vida misma del cristiano, es Dios. San Pablo invita a los cristianos a mirar siempre más alto, para fijar la mirada en la caridad, que es el todo en la vida cristiana. En la doctrina de la Iglesia, los carismas son dones extraordinarios que el Espíritu Santo concede a un fiel para beneficio de la comunidad. Es una gracia gratis data, como enseña la teología. El carisma puede existir incluso sin amor, es decir, sin la gracia santificante. La caridad, por el contrario, es Dios que habita en el corazón de los fieles. Es el Espíritu Santo que habita en el templo del corazón de los fieles y les impulsa a entregar la propia vida a Dios y a los hermanos, asociándolos plenamente en el misterio de Jesús».

El libro «Amaos como yo os he amado» se puede adquirir en librerías españolas y también vía internet, tanto impreso como en formato electrónico, accediendo al siguiente enlace.

Los autores de esta obra han publicado anteriormente con la misma editorial los textos «Venid y veréis. La experiencia de un amor que no se acaba» (también disponible en francés, «Venez et vous verrez», y en inglés, «Come and see») y «Soy tu Madre: El amor filial y la amistad con María».

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Prólogo
El título del libro “Amaos como yo os he amado” es el mandamiento nuevo, que inaugura la nueva alianza sellada por Jesús con su propia sangre, con la entrega de sí mismo; marca el inicio de la nueva creación, mediante el don del Espíritu Santo y de un corazón nuevo. Jesucristo da este mandamiento a sus discípulos en la Última Cena, que el evangelista Juan presenta como el momento en el cual Jesús expresa en modo supremo su amor hacia el Padre, en cuanto que Él lleva a cumplimiento, por la plenitud de su propia entrega, el vínculo indisoluble de amor hacia el Padre y hacia sus discípulos.

A este propósito, el evangelista Juan escribe: “Antes de la fiesta de Pascua, Jesús, sabiendo que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, y habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta la entrega de sí mismo.” (Jn 13,1) Jesús ha amado a los suyos con el gesto de la entrega de su vida. Él mismo lo ha explicado: “No existe amor más grande que el que da la propia vida por la persona amada.” Él ha amado en la forma más grande y elevada. Sus discípulos están llamados a amar como Él ha amado: ofrecer su propia sangre sin tacha en el Espíritu Eterno (Hb 9,14). Amar como Jesús ha amado implica amar hasta la entrega de la propia vida.

Esta realidad va más allá de las fuerzas humanas. Sólo le es posible a quien ha entrado en comunión con Jesús, hasta el punto que su corazón ha sido transformado y movido por el mismo Espíritu de Jesús. Por lo tanto, amar como Jesús ha amado sobrepasa, por tanto, las posibilidades humanas. Sólo es posible por medio de la fuerza del Espíritu de amor, don de Jesús a los suyos.

Los mártires son los testimonios privilegiados de la presencia de Jesús y de su espíritu en la Iglesia y en el corazón de los fieles. Es un modo divino de amar. Por eso, el mandamiento nuevo del amor es signo de la presencia de Jesús en su Iglesia y de quienes creen en Él: “En esto conocerán que sois mis discípulos si os amáis los unos a los otros,” como yo os he amado (Jn 13,15). El amor cristiano es un amor que nace en Dios, que crea un corazón nuevo, haciéndolo capaz de testimoniar la trascendencia del amor; es también signo de la divinidad de la Iglesia y de la divinización del cristiano. Es signo de la presencia de Dios en la historia. ¡Dios es amor! El amor de Dios se comunica a los creyentes en Cristo, los cuales, a su vez, se convierten en sus testigos con la propia vida. Se trata por ello de un amor trascendente, que tiene origen en la eternidad y que nos lleva hacia la eternidad, haciendo vivir a los creyentes, ya en la vida presente, en la dimensión de la eternidad.

El libro “Amaos como yo os he amado” nos hace recorrer este camino del amor, que tiene su origen en la misma Trinidad, se humaniza en Jesucristo, alcanza a todos los hombres, haciéndolos vivir como hijos de Dios.; les transfigura y los hace capaces de amar como Jesús: al Padre y a los hermanos, hasta la entrega de la propia vida. Resultan fundamentales a este propósito los cuatro primeros capítulos del libro. El camino del amor cristiano se ilustra mediante las parábolas del amor, que evidencian los múltiples aspectos del amor (capítulo quinto); también se trazan los senderos del amor tanto en el corazón como en el actuar del hombre (capítulo sexto). Interesantes son también los dos capítulos dedicados respectivamente a los obstáculos que amenazan la caridad (capítulo séptimo) y a los medios para lograr que la caridad crezca en el corazón del hombre (capítulo octavo).

Se comprende, por tanto, la reflexión a modo de síntesis, sobre la caridad en la vida cristiana. La caridad propiamente no es un carisma; es mucho más. Es la vida misma del cristiano; es Dios mismo. San Pablo invita a los cristianos a mirar siempre más en alto, para fijar la mirada en la caridad, que es el todo en la vida cristiana. (1Cor 12,31; 13,1ss). Los carismas, en la doctrina de la Iglesia, son dones extraordinarios que el Espíritu Santo concede a un fiel para beneficio de la comunidad. Es una gracia gratis data, como enseña la teología. El carisma puede existir incluso sin amor, es decir sin la gracia santificante. La caridad, por el contrario, es Dios mismo que habita en el corazón de los fieles. Es el Espíritu Santo mismo que habita en el templo del corazón de los fieles y les impulsa a entregar la propia vida a Dios y a los hermanos, asociándolos plenamente en el misterio de Jesús.

Mons. Velasio de Paolis, C.S.
Presidente de la Prefectura de los Asuntos económicos de la Santa Sede y Delegado Pontificio para la Congregación de los Legionarios de Cristo.
Fiesta de la Virgen del Rosario, 7 de octubre de 2010.