lunes, 25 de julio de 2011

De vicario a director territorial de Norteamérica y otras revelaciones. Traducción al español de entrevista al P. Luis Garza, LC

Por su interés y actualidad reproduzco una traducción al castellano de una entrevista realizada recientemente al P. Luis Garza, L.C., quien por casi dos décadas fungió como vicario general de la Legión de Cristo y en agosto iniciará una nueva misión como director territorial de norteamérica.

Se trata de una entrevista originalmente hecha en inglés y que en los días anteriores ha sido ampliamente citada en diferentes medios de comunicación por el contenido de las respuestas (a decir verdad de forma poco honesta al traducir de forma errónea algunas de sus partes).

Con esta traducción y reproducción se podrán conocer de forma completa y de primera mano lo que realmente dijo el P. Luis en puntos como su nuevo nombramiento, "cómo afrontó los escándalos en torno al P. Maciel", "Cuándo se dio cuenta de la verdad en relación al fundador" y todo lo referente a la situación actual de la Legión de Cristo, entre otras cosas.

***

Entrevista con el P. Luis Garza, L.C.

El P. Luis Garza, L.C., será el director territorial del nuevo “Territorio de Norteamérica” a partir del 1 de agosto. Este nuevo territorio une lo que desde el 2004 fueron los territorios de Atlanta y Nueva York. El P. Luis ha sido el vicario de la Legión de Cristo general en Roma desde hace dos décadas, una posición que deja para aceptar esta nueva tarea. En la siguiente entrevista (el original en inglés se puede ver aquí), el P. Luis reflexiona sobre su tiempo en la Legión y el próximo trabajo que desempeñará.


¿Este nombramiento fue una sorpresa para usted?

Como legionario de Cristo aprendes muy pronto que se te pedirá empacar tus dos trajes negros y dirigirte a tu nueva misión en cualquier momento. Esa es una realidad de nuestra vida religiosa.

En este caso, yo sabía que esta era una posibilidad porque los directores territoriales habían propuesto unir los dos territorios como una manera de mejorar nuestro servicio a la Iglesia. Y el P. Álvaro Corcuera, nuestro director general, me preguntó si estaría dispuesto a dirigir el nuevo territorio de Norteamérica, aunque tuviera que renunciar a mi puesto de Vicario General.

Por supuesto, dije que haría lo que la Iglesia necesitara, si bien era algo que nunca antes se me hubiera ocurrido. Eso fue hace unos meses, así, cuando se indicó la decisión final, no me asombré. Acepté el nombramiento porque, en obediencia, creo que es la voluntad de Dios expresada a través de mis superiores.


El nuevo territorio de Norteamérica cubre un área muy extensa. ¿Cómo va a afrontar esto?

Siempre es un reto llegar a usar los zapatos de cualquier persona de gran liderazgo. Y en este caso solo dispongo de mis dos pies para llenar cuatro zapatos, los de los padres Julio Martí y John Connor, que han hecho un excelente trabajo en sus respectivos papeles. Quisiera ser como algunos de los santos y poder estar en varios lugares al mismo tiempo. Pero sólo soy un sacerdote que trata de servir a los demás lo mejor que puede.

Afortunadamente no estoy solo. Tengo a Dios que me ayuda y un equipo muy bueno y con mucha experiencia. También creo en la santidad y espíritu emprendedor de la gente a la que voy a dirigir. Quiero apoyarles, darles autoridad y evitar centralizar el trabajo. Y necesito mucho de las oraciones de todos los que leen esta entrevista.


De muchas maneras, los últimos años han sido una pesadilla para la Legión de Cristo. ¿Cómo afrontó usted los escándalos en torno al P. Maciel?

Cuando entré a la Legión hace más de treinta años nunca me hubiera imaginado algo así. Emocionalmente ha sido desgastante y con frecuencia he quedado confundido ante lo enigmático de esta historia. Ha sido doloroso y no sólo para mí, pues también sé cuánto han sufrido y siguen sufriendo otros. El tratar de darle sentido a todo ha sido agotador. Realmente es un misterio: el misterio del mal y el misterio de la misericordia de Dios.

Al inicio fue un shock. Ha sido muy difícil el tratar de aceptar que alguien que había sido un faro en el camino tuvo, de hecho, una doble vida de engaño y dañó profundamente a otros. Y tal vez más difícil el que ni yo ni muchos otros percibimos esos daños a tiempo.

Como sacerdote, también estoy profundamente dolido por el mal en sí mismo y por todos los que han sufrido y experimentado dolor. Sólo la gracia de Dios y el deseo de servir y de expiar me han ayudado durante estos años.


A muchos lectores les parece difícil creer que dirigentes mayores de la Legión no conocían lo que hacía el P. Maciel. Como vicario general, ¿no tenía sus sospechas?

De verdad que no. Mi relación con el P. Maciel, cuando él era director general y yo vicario general, fue casi exclusivamente profesional y nunca le ayudé en cuestiones personales. Él mantuvo su vida personal muy privada.

En ese periodo, yo era responsable de las operaciones diarias de la congregación, y el P. Maciel insistía que yo me quedara en Roma mientras él viajaba. Yo tenía que ver que la Legión operara sin sobresaltos. Eso no es lo que normalmente hace un vicario general, pero fue el trabajo que se me dio debido a su edad y a sus frecuentes viajes.

Todos pensábamos que cuando viajaba estaba tomándose un tiempo libre, buscando dinero para la Legión o ayudando a la gente, cosas que ciertamente sí hizo, o que se dedicaba a otros trabajos eclesiales. Nunca, de ninguna manera sospeché que algo más estaba pasando. De verdad, en sus conversaciones y comportamientos frente a nosotros nunca dio a pensar que llevaba otra vida.

Por un lado, hay que considerar que él era mi superior, y por ello yo no lo tenía que supervisar; mi papel como vicario general no era el de un inspector. Y francamente, yo no soy una persona que sospecha mucho. Tiendo a darle a la gente el beneficio de la duda y a creer que están tratando de ser responsables, especialmente cuando no tengo razón para dudar de ellos. En el caso del P. Maciel, nunca observé algo en su conducta cuando se encontraba cerca, en el centro de Roma, que me hiciera sospechar.

Entonces, como ahora, vi mi trabajo como un servicio a la Iglesia, acercando más almas a Cristo. El P. Maciel era nuestro fundador y nosotros estábamos convencidos de que él era bueno y santo. Ninguno de nosotros tuvo dudas de él.


¿Cuándo se dio cuenta de la verdad en relación al fundador?

Obviamente hubo acusaciones que salieron en la prensa hace varios años. Acusaciones que desechamos como absurdas. Como es obvio, estábamos equivocados. Cuando tuvo lugar el capítulo general a inicios de 2005, la salud del P. Maciel era delicada y fue elegido un nuevo director general.

Posteriormente vino el comunicado del Vaticano en mayo de 2006, que anunció que el P. Maciel fue removido de todo ministerio público. Oficiales del Vaticano nos dijeron que a pesar de la ausencia de un juicio canónico, concluyeron con certeza moral que él era culpable y, por lo tanto, el Santo Padre le imponía sanciones canónicas. Pero, de acuerdo con los procedimientos ordinarios, no podían hacernos ver la evidencia que tenían. Por ello, siento decirlo, simplemente no creí que las acusaciones eran verdaderas. Quizá era negación de mi parte, pero esa fue mi primera reacción.

Pero cuando iban surgiendo nuevas evidencias, inicié una investigación personal en junio de 2006. En septiembre de 2006, me di cuenta sin lugar a dudas que el P. Maciel había tenido una hija. Continúe escarbando en el tema y en el verano de 2008, ya teníamos un panorama bastante completo de la situación.


¿Por qué no hicieron pública la verdad mucho antes y con mayor transparencia?

Dado que la Santa Sede ya había actuado y en cierta forma cerrado el asunto, a nosotros nos quedaba simplemente resolver el problema de qué y cómo comunicar. Hubo opiniones diferentes sobre el modo de afrontar esto. Por ello, informamos a algunas autoridades vaticanas y discutimos la situación con líderes prominentes de la Iglesia. Nos aconsejaron que primero avisáramos de la situación a los legionarios y a los miembros consagrados del Regnum Christi de un modo gradual y no mediante una declaración oficial.

La decisión interna que se tomó fue que deberíamos contactar a cada legionario y miembro consagrado personalmente para que pudieran tener algo de tiempo para digerir el escándalo antes de ir a explicarlo a amigos, vecinos y familias. Claramente no hicimos un trabajo perfecto y subestimamos el efecto público que tendría esta noticia. Quizá no había una forma ideal de hacer esto.


¿Cuál ha sido para usted la parte más difícil de los últimos años?

Mi misión como legionario ha sido siempre la de ayudar a formar apóstoles para servir a la Iglesia y acercar almas a Cristo. ¿Cómo podría describir la vergüenza de saber que mientras llevábamos adelante esa misión había un elemento oscuro que ha ocasionado mucho daño y sufrimiento? Es sólo la convicción de que la Legión es obra de Dios y de que Él me llamó a formar parte de esto lo que me ha sostenido en estos tiempos de oscuridad. Sé que puedo curar esto sólo con la gracia de Dios y así poder ayudar también a otros.


¿Cómo justifica su nuevo puesto a la luz del hecho de que usted era uno de los superiores legionarios que debería haber sabido lo que hacía el fundador?

Es muy fácil mirar hacia atrás y decir: “Debías de haberlo sabido”. Quizá debía saberlo, pero el hecho es que no lo supe. Y no creo que lo hubiera podido saber a menos que hubiera hecho algo que simplemente rechazo: espiar a los demás. Y, realmente, no tenía razones para hacerlo.

En relación a mi nuevo encargo, no es algo que yo haya buscado sino que es la misión a la que me llama mi congregación. La acepté con fe y francamente también con algo de temor y prevención por los retos que enfrentamos. Yo veo mi posición como un servicio a la Iglesia, a la Legión y a toda la gente con la que voy a tratar. Buscaré hacerlo lo mejor que pueda, confiando en el auxilio de Dios.


Viendo todo lo que ha pasado, ¿cómo puede la Legión restaurar la credibilidad entre los pastores de la Iglesia y los laicos?

Sólo lo podemos hacer amando a los demás y sirviéndoles. Debemos ganar credibilidad a través de nuestro trabajo, cambiando humildemente el modo como hacemos muchas cosas y siendo abiertos hacia los demás. Confío en que la gente nos dará la oportunidad de ganar nuevamente su confianza y quiero agradecer a todos los que nunca nos han abandonado y nos han ayudado a seguir adelante en estos tiempos difíciles, empezando por el Papa Benedicto, pero también muchos obispos.


Todo lo que ha sucedido en estos años debió de haber debilitado sus finanzas, así como dañado su vida interna espiritual y emocionalmente. ¿Qué tan mal está la situación financiera de la Legión?

Tomado internacionalmente, el balance general es positivo y nuestro ingreso es suficiente para pagar los gastos ordinarios, pero en relación con los resultados, tenemos una gran deuda. Además, tenemos que hacer un esfuerzo extra para proveer necesidades futuras, especialmente para los gastos médicos, de pensión y retiro de nuestros miembros conforme nuestra congregación va pasando en años. Debemos actuar en este campo y hay planes que ya estamos implementando.

En Estados Unidos, la situación es delicada. La Legión ha estado en expansión por dos décadas y se ha endeudado mucho. El escándalo y la crisis financiera mundial han mermado nuestra capacidad para recaudar fondos. Esto es algo en lo que me tendré que enfocar, con mucha ayuda de Dios y de muchos bienhechores y de nuestros asesores financieros.


¿Cómo va a afrontar las dificultades financieras?

No hay soluciones mágicas. Tenemos un muy buen equipo en nuestra oficina de recaudación, por lo que estaré trabajando muy de cerca con ellos sobre la situación financiera. El «abecé» de las finanzas dice que se deben reducir gastos e incrementar ingresos. Esto requiere del auxilio de Dios, de tiempo, prudencia y trabajo duro. Y como en cualquier reto que afrontamos, requiere de mucha fe de nuestra parte. Una vez que resolvamos el problema de corto plazo, deberemos crear una base financiera para poder servir mejor a la Iglesia.


¿Cómo piensa reavivar el entusiasmo por la misión en legionarios y miembros del Regnum Christi que están desalentados?

Esta es una misión que nos compete a todos; todos debemos apoyarnos mutuamente y comprender que tenemos un tesoro de Dios para la Iglesia que no debemos perder. El Papa Benedicto lo ha dejado claro. Pero, con lo que ha pasado, no es de sorprender que mucha gente esté desalentada. Rezo para que este desaliento desaparezca poco a poco mientras avanzamos en esta extraordinaria renovación que ya ha iniciado. Estamos en el proceso de la revisión de nuestras Constituciones, la visita apostólica a los miembros consagrados, el proceso “Adizes” que va por buen camino en Estados Unidos y Canadá; cada vez que voy a nuestra página web veo algo nuevo que hace la gente para evangelizar.

Sin perder de vista los problemas y retos reales, también debemos reconocer las cosas positivas y todos los frutos que Dios está dando a través de los esfuerzos de tantos laicos comprometidos. No podemos dejar de hacer el bien, no podemos esperar a que el mundo se haga más amable y gentil. Necesitamos levantarnos y actuar. La misión de Cristo no puede esperar.


Usted creció en México y ha pasado los últimos 20 años prácticamente en Roma, ¿cómo puede relacionarse con la situación de Estados Unidos y Canadá?

Cuando me encontraba en Italia, la gente solía decir que yo era “demasiado americano”. Intuyo que podían ver que los Estados Unidos de América es un país que admiro y respeto, especialmente por haber hecho mis estudios universitarios ahí. Hay que tener en cuenta también que no soy ajeno a los Estados Unidos y a Canadá ya que estuve allí muchas veces de 1992 a 2004. De todas maneras, sólo puedo decir que haré lo mejor que puedo para aprender y servir.

Y debemos recordar que la Legión, como la misma Iglesia, trasciende las fronteras. El Evangelio es para cada persona y para cada nación y no es sólo de un lugar o de otro. Ciertamente conservamos nuestra cultura – yo soy muy mexicano –, pero somos parte de una misión que nos sobrepasa, una misión de evangelizar con el mensaje de Cristo.


¿Cómo responde a los estadounidenses y canadienses que podrían estar pensando que les serviría mejor un director territorial de estos países?

¡Quizá tienen razón! Pero me han pedido realizar esta misión y haré lo mejor que pueda. Sólo les pediría que me tengan paciencia. Juntos, con la gracia de Dios, yo creo que podemos hacerlo. Nunca podría hacerlo solo y agradeceré toda la retroalimentación que me puedan dar.


¿ Habrá más cierres de escuelas, consolidaciones y despidos?

Muchas de estas decisiones ya han sido tomadas por los padres Julio y John. Me parece que fueron pasos dolorosos pero inevitables. No conozco específicamente cada situación y tengo mucha tarea por hacer. Pero siendo honesto, debo decir que nuestra situación financiera no nos da mucho espacio de maniobra. Si un apostolado no está en grado de autofinanciarse, probablemente tendremos que cerrarlo.


¿Continuará el proceso “Adizes” que está siendo dirigido por el POC (Consejo Organizacional Participativo en sus siglas en inglés)?

No he participado anteriormente, pero me han hablado de sus efectos positivos. De hecho, está ayudando a nuestro trabajo en muchos territorios. Así que, sí, continuará. Hay una reunión programada para agosto y deseo participar junto con los padres Julio y John.


Usted fue el arquitecto mayor de Integer, el esfuerzo por coordinar la organización de empleados y diversos servicios que proveen a la Legión y a sus apostolados. Estos cambios estructurales han creado bastante tensión entre los religiosos y los laicos. ¿Cómo puede hacer que trabajen juntos como equipo?

Es verdad que estuve muy involucrado en la planeación de Integer. Sin embargo, no tomé parte en la implementación de este esfuerzo en los territorios en los últimos 4-5 años, por lo que no tengo un conocimiento detallado de cómo se dieron las cosas. Pero es evidente que ha habido errores en el enfoque y se han realizado cambios mientras seguimos adelante.

Es mi convicción que debemos trabajar juntos –religiosos, consagrados y laicos– en nuestros apostolados y proyectos. Nuestro ideal de servir a Cristo y a su Iglesia es mucho más importante que cualquier dificultad de relación que podamos tener. Creo en las buenas intenciones y en el espíritu de cuerpo de todos nosotros. Estoy seguro que esto es lo que quiere Cristo. Para mí, ser capaz de involucrar en nuestros apostolados a laicos, consagrados, religiosos y sacerdotes, es esencial. Tenemos que combinar lo profesional y lo sobrenatural en todos nuestros esfuerzos.


Hemos perdido un buen número de legionarios y mujeres consagradas en Estados Unidos, ¿cómo piensa afrontar esta situación?

Bueno, tenemos que reconocer que hemos estado en una gran batalla espiritual en los últimos años, una batalla que ha levantado temores y dudas. Algunos han decidido salir, y rezo por cada uno de ellos y por su éxito humano y espiritual sirviendo a Dios en su nueva misión. Ellos son nuestros hermanos y hermanas en Cristo, por lo que lamento cuando alguien se va. También quiero ofrecer una disculpa por si hubo algo que hicimos que los hizo abandonarnos.

Todos nosotros –cada legionario, consagrado o laico miembro del Regnum Christi– necesitamos oración y sacrificio. Necesitamos del apoyo espiritual de nuestros superiores, comunidades, colaboradores y guías espirituales. Y a través de la revisión de nuestra vida consagrada, los legionarios y miembros tenemos la oportunidad de vivir más fieles y con más plenitud para servir a Cristo.

Mucho de mi nuevo trabajo es gerencial por su naturaleza y no puedo escapar de ello. Pero primero y sobre todo soy sacerdote, y mi corazón estará dedicado a apoyar a nuestros consagrados, religiosos y sacerdotes; ellos son nuestro tesoro. Voy a tratar de resolver sus dificultades y los problemas que les puedan estar causando conflicto. Sólo les ruego que tengan paciencia; no siempre podemos controlar el ritmo del cambio. Por otro lado, hay tantos signos de esperanza ya que las vocaciones siguen tocando a la puerta y muchos de nuestros hermanos se acercan al sacerdocio o progresan en su consagración. Por ejemplo, es hermoso pensar que este año 14 estadounidenses serán ordenados sacerdotes.


¿Tiene la Legión un problema cultural, una incapacidad de comprender y trabajar en la sociedad “americana”?

Honestamente no creo que eso sea así. La Legión y el Regnum Christi han sido increíblemente fructíferos en Estados Unidos. Pero claramente tenemos mucho que aprender. Tenemos que seguir creciendo en apertura y transparencia y cooperando más de cerca con otros grupos eclesiales, bajo la guía de los obispos, párrocos y equipos diocesanos.

Hablamos mucho de servir a la Iglesia y es lo que hacemos. Pero creo que debemos enfocarnos en nuestro carisma, formando apóstoles y colocándolos al servicio de la Iglesia.

Todos los apóstoles que formamos vienen de diversas realidades, de diversos niveles sociales y económicos, con diversa educación, y en algunos casos con una vida de fe muy diversa. Les ayudamos a encontrar su misión, que puede ser el sacerdocio, la vida consagrada o el ser miembros del Regnum Christi. Puede ser también en un modo que transforme a la sociedad y sirva a Cristo y que no tenga ninguna relación directa con la Legión.


¿Cuál es su visión sobre la Legión y el Regnum Christi en Estados Unidos y Canadá?

Creo realmente que estos dos países tienen una gran misión en el mundo de hoy. Los americanos y canadienses son creativos, muy trabajadores y generosos. Trataremos de servir a la Iglesia siendo fieles a nuestro carisma. Queremos llevar el Evangelio a todas las personas, especialmente a aquellos que están en las fronteras de la evangelización, para encender en ellos el deseo de servir a los demás como apóstoles de Jesucristo.

Veo a la Legión y al Regnum Christi trabajando con obispos y pastores sirviendo a la Iglesia en el gozo y la comunión.

Nos veo formando apóstoles que puedan transformar la cultura y edificar una sociedad de justicia y amor.

Veo al Regnum Christi creciendo y ayudando a personas de todo estado y condición para que conozcan el Evangelio y experimenten el amor de Cristo.

Veo a Dios curando nuestras heridas y ayudándonos a estar cerca de aquellos a quienes hemos dañado .


¿Qué nos puede decir que nos dé esperanza para el futuro?

Jesucristo. Cristo es la gran esperanza para cada ser humano. Y verdaderamente creo que Estados Unidos y Canadá y su espíritu excepcional dan esperanza al mundo. Si estos grandes países se inspiraran en el Evangelio, cambiaremos el mundo. Y saber esto nos da esperanza.

Fuente: portales institucionales de la Legión de Cristo y el Movimiento Regnum Christi.