miércoles, 7 de diciembre de 2011

Cuando el «periodismo» hace «pelear» a los jesuitas, «hablar de más» a los cardenales y deroga las normas de los legionarios

Quien sigue la información religiosa habrá podido advertir que, según los titulares de prensa, en la primera semana de diciembre de 2011 el difunto Steve Jobs habría creado una «división» entre los jesuitas.

Al tratarse de una polémica así los contenidos que acompañan a cabeceras como esa bien pronto encuentran acogida también en la prensa generalista.

¿Qué ha sucedido? El 6 de octubre de 2011 el P. Antonio Spadaro, S.J., actual director de la conocida revista italiana La Civiltà Cattolica, publicó en su blog personal un artículo titulado «Steve Jobs & Ignazio di Loyola», en el que hacía un elogio fúnebre del CEO de Apple: «intentaba simplemente leer la experiencia de Jobs a partir de una serie de consideraciones fundamentales sobre la vida, sobre la muerte y sobre las disposición en relación de lo que realmente importa», dice el jesuita italiano.

Semanas después otro jesuita, el P. Raymond Schroth, S.J., publicaba otro artículo –más bien crítico– en la no menos célebre revista estadounidense America Magazine (cf. «Readings: The Cathedral of Steve Jobs», 01.12.2011).

Y entonces, ¿se pelearon o no? ¿Jobs ha dividido a una congregación religiosa de la magnitud de la Compañía de Jesús?

El 7 de diciembre el P. Spadaro ofrecía una ulterior reflexión donde recuerda, entre otras cosas, que su texto inicial no fue publicado en La Civiltà Cattolica sino en cyberteologia.it –modo elegante de hacer notar al periodista de La Stampa que algo le ha faltado en su oficio–. También señala que el hecho de que siempre sea posible leer desde diferentes ángulos un mismo acontecimiento no equivale a que haya un conflicto en una familia religiosa.

Esta noticia hace recordar otra aparecida con bombo y platillo hace pocas semanas y que venía a decir que el cardenal Ravasi, presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, pedía que los sacerdotes dejaran de predicar homilías durante un año por ser aburridas.

En un texto publicado en su blog personal, el cardenal Ravasi refería al respecto: «Después de alguna intervención o discurso pronunciado en público, veo que algunas de mis palabras o frases han sido tomadas para ser lanzadas por la prensa y en el ciberespacio. Me divierto un poco al leer la cadena de interpretaciones y profundizaciones que se ha desatado. Van del aprecio y el aplauso a la crítica de quien dice lo contrario de mis palabras».

A continuación dice que fue invitado a una conferencia en la universidad gregoriana sobre «escucha, palabra y silencio» y cómo ahí, para ejemplificar lo que decía, «dado que entre los presentes había muchos sacerdotes y religiosos, he simplemente afirmado que, las homilías dominicales no siempre brillan por la claridad y eficacia comunicativa» (cf. «La Spada di Carlo Magno»).

Por último, ha pasado también recientemente con los Legionarios de Cristo a propósito de algunas disposiciones del Delegado Pontificio para esa congregación religiosa (el texto íntegro en castellano de las disposiciones se puede leer en este enlace). La prensa venía a decir que se ha derogado un millar de normas de los legionarios. Aquellos titulares llevaron al director de InfoCatólica.com, Luis Fernando Pérez Bustamanate, a dedicar algunos contundetes tuits al respecto: «¿A qué vienen entonces titulares periodísticos falsos y manipuladores?».

Quien hace honor a su profesión como periodista va y consulta las fuentes y ya luego redacta informaciones que, como se nota en este caso, ni hubo derogaciones ni correspondían a los legionarios pues el texto del Cardenal De Paolis iba en referencia a los consagrados y consagradas del Regnum Christi.

El post del 7 de diciembre del P. Spadaro en su blog termina recordando algo que puede quedarnos como lección: «Regla uno del periodismo: crear oposición, poner uno contra otro. Así se hace la noticia». Desde luego que se refiere a ese periodismo que del que Benedicto XVI dijo en 2009, precisamente el día de la Inmaculada Concepción:

«Cada día los periódicos, la televisión y la radio nos cuentan el mal, lo repiten, lo amplifican, acostumbrándonos a las cosas más horribles, haciéndonos insensibles y, de alguna manera, intoxicándonos, porque lo negativo no se elimina del todo y se acumula día a día. El corazón se endurece y los pensamientos se hacen sombríos. Por esto la ciudad necesita a María, que con su presencia nos habla de Dios, nos recuerda la victoria de la gracia sobre el pecado, y nos lleva a esperar incluso en las situaciones humanamente más difíciles».