jueves, 12 de enero de 2012

Tercera posición para Museos Vaticanos entre todos los museos del mundo

Cuantitativamente hablando, los «museos del Papa» cierran 2011 con excelentes resultados: 5,078,004 visitantes en esos doce meses (es decir, en promedio, 423,167 personas mensualmente). Por número de visitas están apenas por detrás del museo de Louvre (más de 8 millones), el British, de Londres; el Hermitage, de Moscú; y El Prado, de Madrid.

Pero no es sólo la cantidad de visitantes lo que lo hace uno de los museos más importantes del mundo. El observatorio internacional Cultor College, agencia de rating que da los rankeos mundiales a las colecciones de arte públicas, otorga el tercer lugar a los «museos del Papa», con 80 puntos. Por delante se encuentran el parisino museo de Louvre –con 120 puntos– y el neoyorquino Metropolitan –con 97 puntos–.

Cultor College dice, entre otras cosas, que los Museos Vaticanos tienen a su favor factores como «la notoriedad de las colecciones, la fascinación del ambiente, la calidad de la acogida y la profesionalidad de los servicios ofrecidos», según reporta L´Osservatore Romano (cf. 11.01.2012, p. 4).

Pero una clasificación de este tipo, y el haber roto la impresionante barrera de los 5 millones de visitantes (entrando así en el «club» de los destinos preferidos para los «migrantes culturales» a nivel mundial), coloca a quienes gestionan los museos en una problemática: «5 millones de visitadores quiere decir 10 millones de manos que tocan o pueden tocar; 10 millones de pies que, día a día, consumen el suelo policromo y los mosaicos arqueológicos más famosos del mundo», refiere L´Osservatore Romano.

5 millones de visitantes hacen pensar en mejoras técnicas de los servicios, en que algunos de esos visitantes transmiten bacterias que dañan los frescos y que se deben desarrollar ulteriores procedimientos de conservación e impulsar campañas de recaudación pues la inversión en la manutención de piezas artísticas implica un gasto de no poca monta.

Tal cantidad de visitantes y un lugar como el que le conceden –por mérito propio– a los Museos Vaticanos son un reto que supone la oportunidad no sólo de dar soluciones inéditas sino también la de evangelizar por medio del arte. «La belleza nos salvará», escribió un literato ruso. Y qué duda cabe que la fe hablada con el lenguaje artístico despierta y estimula el anhelo de verdad que se encuentra en Dios. Es este el valor añadido que tienen los «museos del Papa», los museos del país más pequeño del mundo.

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