viernes, 27 de abril de 2012

Tengo necesidad de sacerdotes, el grito angustioso de un obispo belga publicado en conmovedora carta abierta

Traducción: "No, no estoy hablando de Twitter. Literalmente quiero
que me sigas".
Gent es una antigua diócesis de Bélgica, un país al norte de Europa. Como en muchas otras circunscripciones eclesiásticas del viejo continente las vocaciones sacerdotales van a la baja. A inicios de febrero de 2012 el gobierno belga prescribió una serie de medidas que limitaban el uso de edificios eclesiásticos, iglesias incluidas. Aducían para eso el tema de la crisis económica pero era también verdad que muchos templos ya no se utilizan pues no hay ni quien celebre los sacramentos ni quien los reciba y eso les facilitaba el requerimiento.

El obispo de Gent, mons. Lucas Van Looy, ha tomado cartas en el asunto apuntando a lo esencial: la promoción vocacional. Lo ha hecho mediante una sentida y emotiva carta abierta, grito angustioso ante una realidad que todavía puede ser revertida. Por su valor ofrecemos una traducción de la versión italiana publicada el pasado 13-14 de febrero en la página 6 de L´Osservatore Romano. Aunque concebida en un contexto como el de la realidad belga, las reflexiones y los destinarios superan por mucho a solo los de la diócesis de Gent. Ojalá que sirva para interpelar a lectores tanto para acoger un posible llamado como para rezar por esta intención.

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Querido amigo,

permíteme que te escriba sobre los sacerdotes. Sobre la necesidad de tener sacerdotes. Todos los creyentes están llamados a una tarea, pero esta vez quiero hablar específicamente de los sacerdotes. Nadie niega que tenemos necesidad de sacerdotes. Ellos expresan el centro de nuestra fe en la Eucaristía: allá donde Cristo parte su Cuerpo como pan y vierte su Sangre como vino por nosotros.


Me preguntarás si en estos tiempos todavía es posible que un sacerdote sea feliz. Todo parece sugerir lo contrario. Escuchamos hablar de sacerdotes con problemas y no quiero negarlo. Al mismo tiempo sabemos que para ser verdaderamente feliz es necesario entregarnos completamente a los demás. El trabajo por los otros, por cuanto viven en la duda de la búsqueda, por los débiles y por los pobres, encuentra aquí su origen. El sacerdote desea vivir esta tarea, pero lo quiere hacer "en el nombre del Señor".

Querido amigo, en torno a ti no ves muchos sacerdotes, son pocos los sacerdotes jóvenes. Esto podría ser, de hecho, un motivo para tomarse la situación muy a pecho. Quizá tú ves sólo aquello que un sacerdote hace, y no te da cuenta de aquello que lo mueve interiormente. Cómo se relaciona con Dios. Y cómo encuentra su inspiración en el Evangelio. Todo esto podría ser más visible. Es cierto que él ha encontrado el "tesoro del campo" y que para comprar ese campo ha tenido que dejar mucho. Esto no lo hace infeliz, al contrario. La serenidad del sacerdote  encuentra precisamente su origen en la escucha de la Palabra de la Escritura y en su servicio a la gente. Allá encuentra su felicidad que comparte resuéltamente con los demás sacerdotes. Un sacerdote no está nunca solo, junto a otros construye la Iglesia de nuestra diócesis. 

Querido amigo, en cada uno de nosotros reside el deseo de hacer el bien, en cada uno de nosotros se encuentra la motivación a la búsqueda de lo infinito, de cuanto trasciende, de Dios. Un cristiano parte de la experiencia de la amistad con Cristo. Dios verdaderamente está a la búsqueda de cada hombre.

Te siento decir: "Pero esto no es algo de nuestro tiempo". Quizá la mentalidad moderna te hace pensar así, pero Dios es de todos los tiempos. Sólo debemos buscar el modo para que la gente de hoy encuentre la vía que los acerca a Dios a los hombres y a los hombres a Dios. ¿Quiénes mejor que los jóvenes serán capaces de realizar todo esto en el mundo de hoy? "Pero para hacer todo esto no es necesario hacerse sacerdote", te siento razonar, y tienes razón. Sin embargo, es verdad que tenemos necesidad de personas que con toda su vida respondan al amor de Dios por nosotros. Son ellos la memoria viviente y el signo del hecho de que Dios se ocupa de nosotros. Es exactamente ésta la vocación del sacerdote. A tiempo completo para Dios, día y noche. Y el amor que recibe de Dios y comunica a los hombres llena su vida de intenso gozo.

Lo sé bien. Se necesita coraje para elegir esta misión. Es una respuesta a algo difícil de explicar. Más que nada es el testimonio de cuantos viven esta vocación lo que puede convencer. En sus múltiples actividades los sacerdotes buscan el equilibrio entre el cuidado de las parroquias y la de su propia vida interior. Es Dios quien está en el origen de la vida sacerdotal.

Querido amigo, he querido ofrecer alguna reflexión sobre el sacerdocio. La quiero profundizar y completar con lo que tú piensas y con tu experiencia personal. Probablemente mis ideas son diversas a las tuyas. No dudes en decírmelo y escribírmelo. Pero, sobre todo, prueba siendo sincero y abierto, dale también espacio al deseo de acercarte a Dios a loa hombres.