miércoles, 13 de junio de 2012

¿Es justo bautizar a los bebés? ¿No es mejor que ellos elijan de grandes?

¿Bautizar o no bautizar a un bebé en la fe católica? Para algunos es coartar el derecho a la propia elección, para otros sería mejor que ya en uso de razón iniciara un camino de preparación para llegar verdaderamente preparado a la recepción del Sacramento. ¿Qué respuesta dar? ¿Qué es lo mejor?

Benedicto XVI ofrecio una lectio divina al Congreso Eclesial de la diócesis de Roma -la diócesis del Papa- el 18 de abril de 2012. Toda la lectio divina trata el tema del bautismo y en sí mismo es un texto bellísimo que, desgraciadamente, no está todavía traducido al castellano (la versión en italiano puede consultarse aquí). 

Hacia el final de la lectio el Papa aborda precisamente la cuestión del bautismo de los bebés dando una respuesta ponderada a la interrogante que da nombre a este post. Por su valor ofrezco una traducción de esa parte. La traducción es mía. Una idea de fondo que debe quedarnos: el bautismo da sentido a la vida.
"¿Podemos nosotros imponer a un niño cuál religión debe vivir o no? ¿No debemos dejar la elección a ese niño?". Estas preguntas muestran que ya no vemos en la fe cristiana la vida nueva, la verdadera vida, sino que vemos una posibilidad entre otras, también un peso que no se debería imponer sin haber tenido el consenso del sujeto. La realidad es diversa.
La vida misma no es dada sin que nosotros podamos elegir si queremos vivir o no; a ninguno se le puede preguntar: "¿quieres nacer o no?". La vida misma nos es dada necesariamente sin consenso previo, nos es donada así y no podemos decidir primero "sí o no, quiero vivir o no". Y en realidad la verdadera pregunta es: "¿es justo dar vida en este mundo sin haber tenido el consenso sobre si se quiere vivir o no? ¿Se puede realmente anticipar, dar la vida sin que el sujeto haya tenido la posibilidad de decidir?". Yo diría que es justo solamente si, con la vida, podemos dar también la garantía que la vida, con todos los problemas del mundo, será buena, que será bueno vivir, que existe una garantía de que esta vida es buena, que está protegida por Dios y que es un verdadero don. Sólo la anticipación del sentido justifica la anticipación de la vida. Y por eso el bautismo como garantía del bien de Dios, como anticipación del sentido, del "sí" de Dios que protege esta vida, justifica también la anticipación de la vida.

Entonces, el bautismo de los niños no está contra la libertad; de hecho es necesario darlo para justificar también el don -de otro modo discutible- de la vida. Sólo la vida que está en las manos de Dios, en las manos de Cristo, inmersa en el nombre del Dios trinitario, es ciertamente un bien que se puede dar sin escrúpulos. Y de este modo estamos agradecidos con Dios que nos ha dado este don, que nos ha dado sentido.
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