martes, 30 de octubre de 2012

Las manipulaciones mediáticas: construirse una audiencia a toda costa o el shock del público web

Se llama Ryan Holiday y ya hay quien le ha calificado como genio de las relaciones públicas y del marketing. Tiene 25 años y su rostro al fin es asociado al nombre que ha firmado numerosos artículos convertidos en scoops de prensa. Noticias y reportajes que, por cierto, reconoce haber manipulado.

No es esto, ciertamente, lo que le ha llevado a entrevistas y reportajes en decenas de medios cuanto su historia de «auto-redención». Al confesar sus invenciones «quiso» poner en evidencia la vulnerabilidad de la prensa y revelar los trucos del manipulador de medios. Con ese fin ha publicado «Trust Me, I´m Lying. Confession of a Media Manipulator» («Confiad, estoy mintiendo. Confesiones de un manipulador de medios»), un libro que va para convertirse en bestseller. «Sólo he buscado hacer entender a la gente cómo se hacen las “salchichas”», ha dicho Ryan.

Holiday no es un caso extraño. ¿Quién no recuerda a Giacinto Canzona, el italiano de reputación venida a menos que fue capaz de hacer pasar por ciertas las célebres «noticias» acerca del gato que heredó 10 millones de euros o el de las monjas multadas por excesos de velocidad porque iban de retraso a la audiencia con el Papa?

Recientemente el tema de la manipulación ha cobrado relevancia no sólo en la prensa sino también en la industria editorial e incluso en la enciclopedia más consultada a nivel mundial: Wikipedia.

Amazon fue el escenario donde uno de sus usuarios descubrió las trampas del escritor de thrillers R. J. Ellory.


El usuario se dio a la tarea de hacer de «Sherlock Holmes» analizando al detalle los benévolos y laudatorios comentarios que anónimos reseñistas hacían de las obras de Ellory. Y así llegó a la conclusión que, además, era cierta: la identidad entre Ellory y los favorables comentadores de sus obras eran los mismos.

La paradoja de la situación ha sido el hecho de que el «Sherlock Holmes» de Amazon es también un escritor de thrillers. Se llama Jeremy Duns. Así se entiende mejor el interés y esfuerzo por poner en evidencia a un rival literario. Y de ventas…

El pasado mes de septiembre de 2012 la edición en inglés de Wikipedia también tuvo su propia crisis. En menos de 19 días la sección «¿Sabía usted?» de la página de inicio recomendó en más de diez ocasiones artículos relacionados con Gibraltar. El hecho supuso un incendiario debate en los foros de la misma enciclopedia debido a lo inusual de la selección de artículos recomendados. Y no era para menos: cada día se recomiendan sólo ocho artículos de entre los más de 4 millones que hay en archivo. Las repeticiones no son habituales.

¿Qué fue lo que pasó? En los últimos meses el gobierno de Gibraltar ha desarrollado una campaña en internet para atraer turismo. Wikipedia ha sido un medio para alcanzar ese fin. Pero, ¿cómo lo hicieron?

Roger Bamkim, miembro del consejo de administración de la Fundación Wikimedia (la gestora de Wikipedia) trabaja también como consultor de relaciones públicas para el gobierno de Gibraltar, además de ser un wikipedista invitado (es decir, contribuidor de élite, y quien funge de enlace entre Wikipedia e instituciones culturales). Ciertamente Bankim se cuidó al evitar hacer relación a su trabajo para el gobierno de Gibraltar en su perfil de usuario de la enciclopedia en cuestión, aunque no,lo hizo en su perfil de usuario en la red social de LinkedIn.

Construirse una audiencia de masa a cualquier costo. Hacer reputación como único mandamiento, maniobras de marketing para promoverse a sí mismos… En síntesis: narcisismo y afán de popularidad.

Los casos aludidos, incluso sin ser exhaustivos, reflejan un tipo de periodismo y comunicación ajenos a la vocación de servicio que los medios y la literatura misma deben tener. Lo peor no es que estas situaciones serán las últimas sino que habituarse a ellas, no saber distinguir y convertirlas en espectáculo, en «cosas que pasan», supone aceptar la reducción de la información a meras estrategias de marketing y relaciones públicas. Y eso es lo que está en juego: la transformación de la comunicación a marketing incluso a costa de la verdad y, obviamente, la reducción de las personas que pasan a convertirse en meros espectadores en tiempo real mediante la web.