viernes, 12 de octubre de 2012

Lo admito, este video me hizo llorar (y una reflexión muy personal)

He visto un video que me hizo llorar y les voy a decir por qué (son tres  puntos enlazados). Primero. Pongo un poco de contexto: desde el jueves 11 de octubre de 2012 (y hasta el 24 de noviembre de 2013) la Iglesia católica celebra en todo el mundo un año dedicado a la fe: el Año de la fe.

Pude asistir a la misa de apertura por la mañana del mismo 11 de octubre en la plaza de san Pedro y, por la tarde, acudí a una multitudinaria procesión (del Castillo del santo Ángel hasta la plaza de san Pedro, pasando por la Vía della Conciliazione) que culminó con el saludo del Santo Padre desde la ventana de su apartamento. El acto quiso ser una conmemoración de una procesión espontánea análoga que 50 años antes, con motivo del inicio del Concilio Vaticano II, impulsaron miles de laicos.

El Papa Benedicto XVI dijo unas palabras que me conmovieron profundamente. Luego de recordar que hace 50 años él también fue uno de los que se sumaron a la procesión (entonces era un joven sacerdote que se encontraba en Roma en cuanto teólogo consultor de uno de los cardenales alemanes que participaban en el Concilio Vaticano II) y recordar la alegría que aquello supuso, dijo (la traducción del italiano es mía):
También hoy estamos felices, llevamos alegría en nuestro corazón, pero diría que es una alegría quizá más sobria, una alegría humilde. En estos cincuenta años hemos aprendido y experimentado que el pecado original existe y se traduce, siempre de nuevo, en pecados personales, que pueden convertirse en estructuras de pecado. Hemos visto que en los campos del Señor hay también cizaña. Hemos visto que en la red de Pedro se encuentran también peces malos. Hemos visto que la fragilidad humana está presente también en la Iglesia, que la nave de la Iglesia está navegando también con viento contrario, con tempestades que amenazan la nave y alguna vez hemos pensado: «El Señor duerme y nos ha olvidado».


Esta es una parte de la experiencia realizada en estos cincuenta años, pero también hemos tenido una nueva experiencia del Señor, de su bondad, de su fuerza. El fuego del Espíritu Santo, el fuego de Cristo no es un fuego devorador, destructivo; es un fuego silencioso, una pequeña llama de bondad, de bondad y de verdad, que transforma, da luz y calor. Hemos visto que el Señor no nos olvida. También hoy, a su modo, humilde, el Señor está presenta y da calor a los corazones, muestra vida, crea carisma de bondad y de caridad que iluminan el mundo y son para nosotros garantías de la bondad de Dios. Sí, Cristo vive, está con nosotros también hoy, y podemos ser felices hoy porque su bondad no se apaga; ¡es fuerte también hoy!».
Y aquí enlazo con el segundo punto. Quizá también es sabido que se está desarrollando un Sínodo sobre la Nueva Evangelización en el Tercer Milenio (una especie de "congreso" oficial de la Iglesia en el que participan obispos representantes de todos los países y muchos expertos en la materia). Al finalizar el Sínodo se ofrecerán conclusiones al Papa y en un par de años tendremos un documento (el término técnico es Exhortación Apostólica) que mostrará las líneas de reflexión y acción para trabajar en esa nueva evangelización que, en palabras de Benedicto XVI, consiste en el re-anuncio del Evangelio "a las personas que, aun estando bautizadas, se han alejado de la Iglesia, y viven sin tener en cuenta la praxis cristiana". 

Leyendo algunas de las más recientes intervenciones del Papa con motivo del Año de la fe, así como presentaciones de los participantes en el Sínodo, es evidente que el énfasis se está poniendo en el testimonio como "medio de nueva evangelización". Y aquí enlazo el tercer y último punto.

En España produjeron un cortometraje que me dejó helado, impresionado, conmovido, motivado, interpelado, confundido... y finalmente me hizo llorar (un poco). El video está técnicamente bien logrado pero no es eso lo que hizo derivar este colapso de sentimientos y emociones, desde luego. Los jóvenes que aparecen en el video son claros reflejos de lo que hay hoy: personas que ya no creen en Dios, que creen "a su manera" o que desconfían de la Iglesia católica. Pero tampoco es un video para llorar por eso sino para preguntarse con sinceridad personal qué se está haciendo con la propia vida de fe de cara a esa nueva evangelización a la que por la fe estamos llamados en el mundo contemporáneo.

Entre los chicos y chicas que salen en el video, una dice que le gustaría que la fe le fuera propuesta "de la forma más cotidiana posible", otra persona dice que no hay que presionar, otra más que hay que "escuchar, ponerte en su situación y actuar". Pero el video también recuerda que la fe no es una táctica de mercadotecnia y que posee una dinámica específica: rezar personalmente (relacionarse con Dios), practicar la fe y vivir coherentemente. Lo que mueve es el testimonio. O como dice la máxima popular: "el ejemplo arrastra".

La coherencia es precisamente lo contrario al pecado: es optar una y otra vez por Dios en la circunstancia de cada momento. Podemos decir, parafraseando al Papa, que el pecado personal de un cristiano es el mejor modo de destruir todo esfuerzo de nueva evangelización.

Una última palabra antes de dejarles con el video: da mucha alegría constatar el esfuerzo de evangelización en el contexto digital. Surgen iniciativas, portales, blogs, fans page en Facebook, perfiles de twitter... Pero, ¿cuántas están acompañadas por horas de adoración eucarística, de oración silenciosa con el Maestro, de escucha atenta a las inspiraciones del Espíritu Santo, de conversación personal que atiende las necesidades específica del bautizado, del no practicante, del no creyente? ¿Cuántas veces nos comunicamos a nosotros mismos pero no a Dios, y si se comunica a Dios es como pretexto para comunicarse a sí mismo? 

Nueva evangelización es volver a lo esencial: al testimonio personal de relación con Jesús. De ahí nace todo y se comunica espontáneamente. San Francisco de Asís decía que hay que "predicar todo el tiempo, a veces también con palabras" para darnos a entender cómo lo más importante es una vida cristiana auténtica. No se trata de actuar sino de profundizar en la relación con Cristo. Y eso es lo que me ha hecho llorar un poco: percibir lo verdaderamente esencial de la evangelización, constatar que está al alcance de todos y no perder de vista que todo comienza con un "no" al Diablo, al pecado. 


Jorge Enrique Mújica, LC, en Google+