miércoles, 6 de marzo de 2013

De los cardenales, el Cónclave y el Super Bowl


La sala de prensa de la Santa Sede ha notificado que, al 6 de marzo de 2013, más de 5,042 periodistas han sido acreditados para cubrir el Cónclave. Las cadenas de televisión y los grupos de prensa más importantes del mundo están en Roma con un objetivo «ideal»: informar a sus públicos. Digo que «ideal» porque más bien están siendo escasos los medios que, efectivamente, lo están haciendo.


En su mayoría, los reportajes y artículos se reducen a hablar de los mismos tópicos de siempre: los «escándalos» de y en la Iglesia, quiénes son los papables, las luchas de poder, cómo debe ser el nuevo Papa y que si habrá «modernización» en temas sobre la anticoncepción, la ordenación de mujeres, el gaymonio… En el metrallazo de opiniones abundan las aplicaciones de categorías y lenguaje político a una realidad espiritual como lo es la Iglesia.


Esta manera de tratar la información acerca de la Iglesia católica está en un completo contraste con la cobertura que se suele dar a realidades de menor trascendencia para la historia de la humanidad. Piénsese, por ejemplo, en la cobertura que se dio al «Super Bowl 2013».

Según las informaciones de la NFL hubo 5,156 periodistas que cubrieron la final del fútbol americano en Nueva Orleans, el pasado mes de febrero de 2013. Los comentaristas de los diferentes canales deportivos y periódicos conocían el futbol americano: quiénes eran los equipos, su historia, el itinerario seguido por los jugadores, a los entrenadores, e incluso a las familias de los integrantes de los equipos…
Grupo de periodistas en el Vaticano abordando al Cardenal de Lyon, Francia, a la salida de
un encuentro entre cardenales de cara al Cónclave.
En términos de comunicación, se echa de menos que quienes cubren un evento de la magnitud de un Cónclave sean, en su mayoría, analfabetos en cuestiones eclesiásticas. Y no es causa de menor perplejidad el que esas elucubraciones para pasar el tiempo que se publican o ponen en radio o tv sean digeridas sin más por el público que las recibe acríticamente. En este sentido, sorprende esa pasividad con que se acepta que inexpertos hablen de algo que no conocen. Pareciera que los estándares de calidad exigidos al periodismo religioso estuvieran condenados al mínimo posible. ¿Se imagina a una persona que no sabe de fútbol americano narrando la final del «Super Bowl» o de la «Champion League»? Algo más o menos análogo es lo que está pasando con el Cónclave. Con la diferencia de que la Iglesia es mucho más que un partido de fútbol americano o de soccer.

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