miércoles, 24 de abril de 2013

A propósito de la agresión feminista contra obispo belga: ellas enseñaron sus cuerpos, él les enseñó que existe Dios


No es la primera vez que le pasa aunque en esta ocasión definitivamente se ha podido captar algo más. En 2011 le embarraron pastel en dos ocasiones en la universidad de Lovaina, la universidad «católica» de Bélgica. Y ya entonces respondió como ha vuelto a responder ahora que unas pirujas (por favor, leer el diccionario antes de concluir en conceptos de uso regional) lo rociaron con agua durante una conferencia, a modo de protesta por el pensamiento de la Iglesia católica sobre la homosexualidad y el aborto.

Me refiero a Mons. André Leonard, arzobispo de una de las capitales más importantes de Europa: Bruselas. Se podría decir mucho: podríamos decir que esto no hubiera sucedido en un país musulmán (y de haber sucedido ahora las gamberras estarían sepultadas en algún cementerio), que las imágenes más que provocativas resultan grotescas y estéticamente repugnantes (¡a donde se ha tenido que llegar para “ganar” visibilidad!), que si se pide tolerancia por qué no se comienza por ponerla en práctica, etc.


Besando uno de los recipientes -con forma mariana- usados para agredirle.

Yo quiero fijarme en algo más profundo: las tipejas usaron conscientemente unos recipientes con agua con la figura de la Virgen María. Tras verter el contenido sobre el arzobispo de Bruselas, quien pacientemente se recogió en oración durante el incidente mismo, las feministas dejaron tirados los recipientes en el suelo (no sólo para tratar de huir después de su crimen sino también a modo de desprecio contra la Virgen María). Al cabo de unos minutos, empapado, Mons. Leonard tomó uno de los frascos, se lo acercó a la boca y lo besó. Con su actitud, Mons. Leonard ha enseñado no sólo que es un hombre paciente sino también que Dios existe. Y esto, más que un pensamiento pío, significa que también hay un Dios que juzga. También a las lindas doncellas dignas de el mejor de los príncipes como éstas.

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N.B.: Como se puede ver en los comentarios, muchos lectores se han centrado en la conveniencia o no del uso de una determinada palabra. Ya expliqué en los mismos comentarios en qué sentido la usé y no pienso dejar pasar más comentarios al respecto. Sí digo que me llama mucho la atención que ninguno haya preguntado todavía por cómo está el obispo y también subrayo que conviene ampliar el horizontes de nuestros conocimientos (lo que se logra leyendo mucho... Y vaya si el que escribe estas líneas lo hace y conoce su idioma). Por otra parte, no soy de la idea de dejar de usar las palabras convenientes (que no implican juzgar a alguien, sino simplemente llamar las cosas por su nombre) en los momentos adecuados. Es eso o nos condenamos al ostracismo. Al final, de cualquier manera, usé modifiqué el post para que vaya en el sentir común de algunos lectores.