miércoles, 25 de junio de 2014

Las faltas de los legionarios de Cristo: una reflexión a partir del fútbol de los lefebvristas

Copyright  de esta y las demás fotos de la serie: Fabrice Coffrini / AFP
La agencia AFP tiene un blog donde sus corresponsales publican contenidos relacionados con eso que muchas veces no se ve: lo que está detrás de la búsqueda diaria de las informaciones que se publican.

El «ginebrino» Fabrice Coffrini subió a ese blog un foto-reportaje sobre algo bastante particular: el juego de soccer de los seminaristas de la sociedad sacerdotal san Pío X (mejor conocidos como lefebvristas), en su seminario de Écone, en Suiza, y su no menos particular atuendo deportivo (la sotana).





Más allá del cariz –digámoslo así– folklórico del asunto está un detalle que a mí me llama mucho la atención: Coffrini se detiene en un aspecto poco habitual en el fútbol soccer profesional como lo es la educación. Concretamente dice Fabrice que aunque los seminaristas ponen lo mejor de sí para ganar al equipo contrario «no hay blasfemias, no maldiciones ni protestas, todo es impecablemente cortés». Esta descripción podría corresponder también a lo que me toca ver y vivir en la Legión de Cristo en un momento análogo al del foto-reportaje sobre el fútbol de los lefebvristas. Pero hay algo más.

Los legionarios de los centros de formación solemos jugar fútbol dos veces a la semana (miércoles y domingo). En las casas de apostolado, por razón de trabajo pastoral, sólo el fin de semana.

Muchos hemos tenido la experiencia, tanto antes de entrar en la Legión, como una vez dentro, de que el clima de caridad que predomina en el juego es bastante positivo. Eso se refleja en algo tan concreto como las palabras y modos pero también en algo que deja «perplejos» a los que ocasionalmente vienen de fuera a jugar con nosotros: cada uno marca sus propias faltas. Es un elemento bastante formativo pues supone darse cuenta de que aunque es una competición deportiva hay valores más altos en juego como la honestidad, la caridad, la puntualidad, el dar lo mejor de uno mismo pero sin pasar encima de los demás…

¿Y nunca nadie se enoja en el juego? Cuento una anécdota muy reciente: era un miércoles y el juego comenzó con uno menos en uno de los equipos. A pesar de ser sólo uno menos se sintió pronto la ventaja del equipo contrario, lo que comenzó a quedar reflejado también en el marcador. El jugador (legionario) que faltaba está en una cancha cercana jugando baloncesto… Comenzaron a gritarle para indicarle que el partido de soccer había iniciado, íbamos perdiendo (yo estaba en el equipo que iba abajo) y que en parte se debía a que faltaba. Era evidente que a algunos les había causado molestia el hecho.






Tras el juego el legionario que había llegado tarde mandó un mensaje a todos los del equipo pidiendo disculpas por la impuntualidad y porque, al final, perdimos: fue el detonante de una cadena de mensajes de correo electrónico donde los demás también comenzaron a pedir disculpas por la impaciencia inicial e incluso por otros «errores» y faltas en la vida comunitaria diaria. Al final me di cuenta que eso no pasa ordinariamente en todas partes y me alegré de vivir junto a estos hombres que saben aceptar sus errores, pedir disculpas y reconocer las propias imperfecciones.

Vaya, que no me imaginé que los lefebvristas iban a ser la ocasión para llegar a esta reflexión.

N.B.: Dedico este post a esos legionarios que además de buenos religiosos son excelentes deportistas. Aquí en casa hay un alemán, de apellido Egervári, que podría estar jugando el mundial en Brasil, por ejemplo. Ah, y aquí algunas fotos de un partido de fútbol de legionarios.