viernes, 26 de septiembre de 2014

Ébola: un héroe a la portada o la portada más bella en medio del dolor


Una vez más no ha sido noticia. ¡Y era un héroe! De esos de carne y hueso que existen en el mundo real y que llenan de gloria a la Iglesia católica. Si fuera uno de esos que han traicionado su sacerdocio estaría por todas partes. Pero una vez más no ha sido así. ¿La razón? Vivió en la entrega al que su amor más grande, Jesucristo, le empujaba. Vivía en África. En la misma África de la que todos hablan pero a la que pocos le dedican su vida. Y él lo había hecho. Consagró su vida a Dios y ésta se materializó en servicio. Como el servicio que hoy siguen prestando tantos hombres y mujeres consagrados a Dios en la Iglesia católica y que jamás serán noticia porque no son escándalo que vende sino testimonio que evidencia lo que parece no quererse reflejar de esa misma Iglesia sin la que muchos africanos -y no sólo- estarían huérfanos de amor.

Ha muerto un misionero católico más contagiado de ébola. Es el segundo. Un periódico de la misma nacionalidad que el occiso le ha dado la portada. Es el ABC y naturalmente es algo muy extraordinario. "Alégrense de que sus nombres estén escritos en el reino de los cielos", dijo Jesús a sus discípulos. Esta vez el nombre del hermano Manuel García Viejo ha tenido también un recuerdo en el "reino de la tierra" en la que miles como él se entregan día a día sin esperar más paga que la sonrisa de aquellos a los que sirven por amor a Dios y en nombre de esa Iglesia tan denostada.

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