jueves, 8 de enero de 2015

Charlie Hebdo y la falsa libertad de expresión en la que no me reconozco

Crédito fotográfico: Reuters.
Antes de decir cualquier otra cosa lo quiero dejar bien claro desde el comienzo: jamás se puede aprobar un acto de violencia. Menos todavía cuando ese supone quitar la vida a otro ser humano. La reflexión en este post va en otra dirección...

La sátira es un género literario que tiene por finalidad censurar agriamente a alguien o algo. Con el pasar de los siglos la sátira pasó también al ámbito de la oratoria y, finalmente, al de las viñetas de prensa. De la conjunción de caricaturas y periodismo surgió un indeterminado estilo de publicación al que se le calificó como «satírico».

Ese adjetivo es distintivo de la hoy célebre revista Charlie Hebdo. 12 personas han sido brutalmente asesinadas el miércoles 7 de enero de 2015 en París por parte de terroristas islámicos. Esa fue su respuesta a unas viñetas publicadas por la revista francesa donde se mofaban del profeta Mahoma.

Las redes sociales se han poblado de signos de solidaridad. Muchos publicaron imágenes donde se decía «yo soy Charlie» (en francés «Je suis Charlie»). Tal vez fueron las que más permearon la web. No me reconozco en esa forma de solidaridad. No me veo reflejado en ella porque yo nunca me burlaría de los sentimientos de otros para hacer «periodismo». Por eso yo no soy Charlie Hebdo

Es verdad que la religión se pervierte cuando se justifica la violencia pero no es menos verdad que la libertad de expresión se corrompe cuando se falta al respeto a budistas, sintoístas, hinduistas o musulmanes. Por eso no puedo aceptar que la burla de los sentimientos religiosos sea vista como libertad de expresión como tampoco que se asesine en nombre de un «dios» que ciertamente no es el cristiano.

No deja de ser fundamentalismo, en este caso laicista, el que defiende y promueve la burla de lo que el prójimo tiene por más sagrado. Condenamos a los agresores de lo sucedido en París. Esperamos que los encuentren y la justicia haga lo propio. Todo esto también puede suponer una reflexión más profunda en torno a lo que no es libertad de expresión.