sábado, 12 de septiembre de 2015

La cuestión de los refugiados sirios (y no sólo): entre emociones digitales y la evasión de la raíz del problema

Copyright Massimo Sestini.
En 2015 «The World Press Photo» premió una instantánea del fotógrafo Massimo Sestini como uno de los mejores trabajos del año en la categoría «noticias». La foto de Sestini capturó el momento en que una barca repleta de inmigrantes africanos es conducida por rescatistas italianos un 7 de junio de 2014. La foto dio la vuelta al mundo evidenciando así el drama de miles de personas que salen de sus países en miras de obtener una vida mejor, aun a costa de jugarse –literalmente– la vida. No sin razón el Mediterráneo ha sido llamado «el cementerio de agua más grande del mundo».

Otra foto viral relacionada con el tema migratorio fue la del niño mexicano que intentaba cruzar la frontera y es interceptado por las autoridades migratorias de los Estados Unidos. El niño, que realizaba en solitario la travesía, es revisado como si fuera un delincuente.

El impacto visual producido por ambas instantáneas ha quedado superado por la fotografía de Nilüfer Demir, la joven turca de la agencia de noticias Dogan, quien dio a conocer al mundo la naufragada vida del niño sirio Aylan Kurdi y su familia y que ha constituido el ápice de la cuestión migratoria.

Según datos del Alto Comisionado de la ONU para los refugiados, citado por el diario Le Monde Le nombre de migrants et de réfugiés a explosé au XXIe siècle dans le monde», 03.09.2015), en el mundo hay 52,9 millones de refugiados. La gravedad de esta realidad se muestra al considerar que en 2005 había apenas 19,4 millones.

El crecimiento numérico se debería, según la misma fuente, al incremento de los conflictos bélicos en el mundo. Para 2015 hay 14: 8 en África (Costa de Marfil, República Centroafricana, Libia, Mali, Nigeria, República Democrática del Congo, Sudán del Sur y Burundi); 3 en Medio Oriente (Siria, Iraq y Yemen); 1 en Europa (Ucrania); y 3 en Asia central (Kirguistán, Myanmar y Pakistán). Mención aparte merecen para el Comisionado de la ONU las que son consideradas guerras civiles: Colombia y Nepal.

Hasta el momento el grupo más numeroso de los refugiados son los sirios: al menos 11,7 millones de una población total de 23 millones. Los desplazados iraquíes son 4,1 millones.

Contra lo que se podría pensar, los países que más prófugos acogen son los menos desarrollados: República Democrática del Congo acoge 3 millones; Pakistán 2,8 millones; Sudán 2,4 millones; Turquía 1,6 millones; Líbano 1,2 millones.

Como se puede notar, todas estas referencias dicen relación con una categoría bien precisa, la de los «refugiados». Por «refugiado» se entiende la situación excepcional de una persona que, a causa de la guerra u otras cuestiones de carácter político o social en su país de origen, pide ser acogido en un país distinto al suyo. El término migrante es más amplio y, las más de las veces, dice relación con desplazamientos por cuestiones económicas.

Si ampliamos los datos al ámbito de la migración en general las cifras se multiplican: más de 200 millones según los datos de las Naciones Unidas (cf. http://esa.un.org/migration).

¿Por qué si los números reflejan una realidad tan dura y compleja ha sido una foto la que ha desencadenado una serie de reacciones sociales de dimensiones planetarias? Los gobiernos de diversos países no han podido eludir las manifestaciones de solidaridad de sus ciudadanos pero, ¿qué debe guiar una gestión verdaderamente responsable de acontecimientos como estos? Finalmente: ¿se está yendo a la raíz del problema acogiendo a los refugiados y a los migrantes? ¿Alguien ha pensado en el cariz religioso que está a la base de todos estos desplazamientos y que mientras se sigan vendiendo armas esto no va a terminar?

I. La globalización de las emociones digitales

Aunque no dejan de causar impresión, es comprensible que, desprovistos de rostros, los números resulten fríos y lejanos. El fruto del fotoperiodismo que ha puesto nombre y cara a algunas historias como las referidas al inicio se ha masificado gracias a dos factores: el impacto emotivo que han logrado causar en las personas y las redes sociales como plataformas de viralización de las imágenes.

En torno a la foto del niño sirio en las costas turcas hubo un debate en las redacciones de no pocos periódicos: ¿era ético colocar la imagen en las portadas o no? Algunos diarios llegaron a la conclusión de que sí mientras que otros no lo hicieron. Al fondo de la reflexión estaba el hecho del respeto debido a las personas o si la situación justificaba acompañar los reportajes precisamente con esa foto. Más allá de eso, varios diarios han comenzado a publicar material que pone en duda que Aylan Kurdi haya sido encontrado tal y como las fotos lo presentan. Según material fotográfico del diario La República Aylan fue encontrado muerto en un lugar distinto a donde sería puesto después (cf. «Al niño sirio ahogado lo movieron de sitio y posición para hacerle la foto», 08.09.2015). El impacto sentimental hubiera sido diferente.

Preparada o no, la realidad es que la foto causó un golpe emotivo y que esto fue posible gracias a las redes sociales. Durante varios días el tema se convirtió en trending topic y la visibilidad fue tal que los políticos no pudieron pasar desapercibida esa masiva reacción digital. Fue así que los gobernantes empezaron a pronunciarse, a suavizar acuerdos migratorios y a utilizar la demagogia de un lenguaje amistoso que sólo el tiempo podrá revelar que tan auténtico ha sido.

Mientras tanto el influjo de la opinión pública en las redes sociales queda para la historia por varios motivos: el primero de ellos porque se percibe una elevada participación de apoyo digital que escasamente queda convertido en obras concretas; el segundo, porque en la dinámica de las redes sociales las noticias suelen alcanzar un pico de interés que rápidamente queda sustituido por otro que así relega al pasado al anterior. Es lo que se podría denominar «impacto emotivo en ámbito digital». Una emotividad que suele decrecer en proporciones análogas a las que le hicieron convertirse en trending topic. O en otras palabras: en Twitter todos se solidarizan aunque fuera de ahí las cosas quedan como trabajo destinado a pocos.


II. El papel de los gobiernos y las críticas a la Iglesia

Ante la situación de la masiva afluencia de migrantes y refugiados sirios –y no sólo– varios países europeos han optado por acogerlos. En esa decisión ha tenido mucho que ver la presión ciudadana.

¿Puede ser la mera presión ciudadana un motivo para precipitarse en las decisiones en este campo concreto? Lo primero que hay que señalar es que no se puede pasar desapercibido el drama humano real de millones de personas que no eligieron vivir situaciones de persecución y guerra. Dicho esto, no es menos cierto que hay algunos puntos que en esta materia deben tener en cuenta tanto los ciudadanos que ejercen presiones como los gobiernos que se dejan influenciar por ellos.

1. La responsabilidad de cara a los naturales como a los que llegan. Un flujo migratorio descontrolado puede desestabilizar la economía de un país y, a la larga, perjudicar tanto a los que llegan como a los que ya estaban. Piénsese en los países donde el paro laboral es una realidad elevada: ¿cómo se piensa mantener a los refugiados si no hay quienes pagan impuestos porque, entre otras cosas, ni siquiera tienen trabajo? Y cómo se les va a dar trabajo a los que llegan si no lo tienen tampoco los que les reciben. ¿Es responsable abrir las puertas de la casa sin darles un lugar donde dormir y, sobre todo, qué comer? Y si se les da, ¿por cuánto tiempo se les puede mantener así?

2. ¿Por qué los migrantes y refugiados quieren llegar a Alemania y no quedarse en otros países? La mayor parte de los países de la Unión Europea está abriendo sus puertas pero no parece que refugiados y migrantes abran las puertas de sus expectativas a algunos de esos países que les quieren acoger. En la mayoría de los casos quieren llegar a Alemania. ¿Por qué? En ese país hay subvenciones monetarias que se dan como apoyos. Alemania es un país rico donde con poco esfuerzo se logran muchos beneficios. La pregunta es entonces, ¿se quiere dinero o se quiere refugio?

Un artículo de Riccardo Cascioli en La Bussola Quotidiana subrayaba precisamente el hecho de que Alemania y Austria sean los destinos «favoritos» de los refugiados y cuestionaba el que se presente a Hungría como la mala de la película: «el caos que se creó en Budapest, con el bloqueo de la estación de trenes, contrario a lo que se ha querido contar, no depende de la mala voluntad del gobierno húngaro que, con Italia y Grecia, comparte el trabajo de identificar a los migrantes que llegan y valorar su situación. Por otra parte, en los primeros 7 meses del 2015 Hungría ha acogido a más de 100 mil inmigrantes, que sobre una población total de 10 millones de persona, significa un porcentual mucho más alta que la mayor parte de los países europeos que hoy se sienten con el derecho de censurar a Budapest» (cf. «Profughi siriani in Germania, la realtà nascosta», 07.09.2015).


3. Los choques culturales. Es cierto que las mayorías de las democracias occidentales son hoy por hoy pluriculturales. Pero no es menos cierto que ya en el pasado se han registrado casos de choques culturales debido a que los valores de los que llegan no son los de quienes les reciben. Hay en Londres y París barrios a los que la policía no llega porque están regidos por la sharia o ley islámica, con todo lo que eso supone.

¿Alguien ha pensado que en dos generaciones la población musulmana, debido a este tipo de flujos migratorios, podría suponer una configuración no sólo demográfica sino también política distinta para Europa? Comparativamente hablando, los musulmanes tienen más hijos que los europeos por lo que el reemplazo generacional iría en una dirección nada halagüeña para los nativos europeos.

Resulta sintomático que, por ejemplo, refugiados sirios de paso por Macedonia hayan rechazo los alimentos que les ofrecía la Cruz Roja, al grito de «Alá es grande», por el simple hecho de que esa organización humanitaria tuviera el signo de la cruz (cf. «Refugiados sirios en Macedonia rechazan al grito de «Alá es grande» la comida de la Cruz Roja», 04.09.2015).

En declaraciones recogidas por el diario La Gaceta, el obispo católico húngaro Kiss-Rigo comentaba: «Vienen aquí y comienzan a gritar Allahu Akbar (Alá es grande), quieren hacerse con el control de la ciudad». Y añadía: «Europa se está viendo inundada de personas que se hacen pasar por refugiados, pero que en realidad son una grave amenaza para el continente cristiano y sus valores tradicionales».


Y un ejemplo más: en abril de 2015 CNN informó que inmigrantes musulmanes que cruzaban el Mediterráneo para llegar a Italia arrojaron al mar a 12 compañeros de viaje por el solo hecho de ser cristianos (cf. «Inmigrantes musulmanes lanzan por la borda a 12 pasajeros cristianos», 16.04.2015).

4. Terrorismo. Hay una responsabilidad del gobierno sobre la necesidad de conocer quiénes son y cuál es la historia de vida de quienes piden asilo y si merecen recibirlo. Es una responsabilidad, sobre todo, de cara a sus ciudadanos. El diario italiano Il Messaggero pudo acceder en febrero de 2015 a conversaciones telefónicas de terroristas del ISIS en las que estos refieren que apuestan por la opción de enviar migrantes a Italia entre los cuales filtrarían terroristas (cf. «El Estado Islámico amenaza con enviar 500.000 inmigrantes a Europa», 20.02.2015).

El rotativo británico The Sunday Press informaba que, de hecho, el grupo terrorista Estado Islámico infiltró terroristas a Europa entre los sirios que en los últimos días han pedido refugio (cf. «Más de 4.000 terroristas del EI llegaron a Europa haciéndose pasar por refugiados», 07.09.2015).

Hasta el momento ya han sido identificados y detenidos cinco yihadistas que se habían filtrado entre los refugiados sirios (cf. «Detenidos 5 yihadistas camuflados entre refugiados en Bulgaria», 07.09.2015).

5. Las críticas a la Iglesia. Las redes sociales han sido también el escenario donde grupos políticos de izquierdas, abortistas y anticlericales, han lanzado críticas a la Iglesia por una supuesta inacción ante la crisis migratoria.

Evidentemente lo primero que puede pensarse es en por qué la Iglesia tendría una responsabilidad distinta o más grande que la que le corresponde a los gobiernos y, en definitiva, qué están haciendo los partidos políticos de izquierda –también los de derechas– más allá de solidarizarse y criticar en Twitter a la Iglesia. Lo cierto es que se ven más refugiados en torno a las iglesias, tal vez para pedir limosnas, que fuera de las sedes de los partidos políticos.

El Mediterráneo: la fosa común más grande del mundo.
Para ver en mejor tamaño basta hacer doble clic en la imagen.
Lo comentaba con un deje de humor Ignacio Aréchaga en su blog «El Sonar»: «En España […] los partidos políticos rivalizan en declararse más solidarios que los otros, y exigen al gobierno que detalle cuántos miles está dispuesto a acoger. Cuantos más, mejor. El Ayuntamiento de Madrid, gobernado por una izquierda rápida en desenfundar el tuit y la pancarta, ha puesto en la fachada un gran cartel: “Refugees, welcome”, que hasta el momento habrá sido más visto por turistas que por refugiados sirios» (cf. «Bienvenidos refugiados, si es que venís», 08.09.2015).

Y sin embargo, ha sido precisamente la Iglesia católica la que ha estado en primera línea ante esta situación humanitaria. A la cabeza se ha puesto el Papa quien al final de la oración mariana del Ángelus del domingo 6 de septiembre pidió desde el Vaticano a toda la Iglesia:
«hago un llamamiento a las parroquias, a las comunidades religiosas, a los monasterios y a los santuarios de toda Europa para que expresen la realidad concreta del Evangelio y acojan a una familia de refugiados. Un gesto preciso en preparación del Año santo de la misericordia. Que cada parroquia, cada comunidad religiosa, cada monasterio, cada santuario de Europa acoja a una familia, comenzando por mi diócesis de Roma. Me dirijo a mis hermanos obispos de Europa, verdaderos pastores, para que en sus diócesis apoyen mi llamamiento, recordando que Misericordia es el segundo nombre del Amor […] También las dos parroquias del Vaticano acogerán en los próximos días a dos familias de refugiados».

Al respecto, los obispos europeos han puesto rápidamente manos a la obra (cf. «Profughi, la risposta delle diocesi all'appello del Papa», 07.09.2015).

III. Una cuestión no solucionada: la raíz islámica y la venta de armas

¿Y los países ricos musulmanes qué están haciendo por los refugiados? En un artículo publicado en la web de la CNN un intelectual musulmán, Haroon Moghul, pone de manifiesto el liderazgo que en la coyuntura de la crisis migratoria está teniendo el Papa y la ausencia de las autoridades políticas del mundo islámico («Querido papa Francisco, me gustaría invitarlo a convertirse al Islam», 08.09.2015).

El diario ABC ponía en estos términos la cuestión: «¿Por qué no huyen a los ricos países árabes del Golfo Pérsico, donde les espera un éxodo mucho más seguro y un futuro confortable?». Efectivamente, Arabia Saudí, Qatar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, países de inmensa mayoría musulmana, han dado la espalda a sus «hermanos en religión».

Como dice el ABC, «Las autoridades saudíes han deslizado la tesis de que una llegada masiva de sirios a su territorio crearía problemas de seguridad. Riad siempre ha sido rival de la dictadura de Damasco, y teme un afán de revancha. El argumento no se sostiene: la inmensa mayoría de los refugiados y desplazados sirios no son chiíes -la secta musulmana de los Assad- sino suníes, la corriente musulmana mayoritaria que tiene su epicentro en Arabia Saudí». Y añade: «es más convincente el argumento del temor cerval de las ricas monarquías del Golfo a que una ola migratoria de musulmanes ponga en peligro su frágil sistema social y político. Arabia Saudí es un caso paradigmático. El país vive de las rentas del petróleo, y del trabajo de sus millones de inmigrantes asiáticos».

Aunque la cuestión de los sorpresivos y masivos flujos de migrantes implican una respuesta de gestión, se está olvidando que a la raíz del problema están dos cosas a las que no se les está dando solución: el cariz religioso (islámico) de la guerra civil-persecución religiosa y la venta de armas a grupos terroristas y gobiernos del Medio Oriente (o a los primeros a través de los segundos).

El creciente influjo del autodenominado «Estado Islámico» no ha sido afrontado directamente. Desde su aparición en la escena pública en junio de 2014 cada vez se hace con más territorio de Irak y Siria. La acción de algunos países occidentales se ha limitado a algunos bombardeos aislados. Comprensiblemente, mientras este grupo terrorista siga expandiéndose más personas querrán migrar y esto imposibilitará que las que se estaban fuera regresen. Las acciones aisladas por parte de algunos países no parecen apuntar a una finalidad concreta que no debería ser otra que la de limitar definitivamente la acción de los agresores contra países imposibilitados de defenderse.

Por otra parte es lógico que para hacer guerras se necesitan armas y para conseguirlas se necesite dinero. Evidentemente quienes las venden no parecen muy interesados en dejar de hacerlo, lo que supone la voluntad de seguir cooperando a que las guerras se perpetúen. Y a engrosar las propias carteras.

El «Instituto Internacional de Investigaciones sobre la paz, con sede en Estocolmo, mostraba que entre 2010 y 2014 Rusia y Estados Unidos exportaron hasta el 48% de la venta total de armamento en el mundo (seguidos de China, Alemania y Francia). En ese mismo lapso las ventas de Estados Unidos han crecido en un 23% mientras que las de Rusia en un 37% más. Los principales clientes de los estadounidenses son Corea del Sur, Emiratos Árabes y Australia; los de Rusia son India, China y Argelia.

En términos absolutos los cinco países que más compran armas son India, Arabia Saudita, China, Emiratos Árabes Unidos y Pakistán, mientras que las regiones que más armas reciben son Asia y Oceanía, con un 48% del total de importaciones, seguidas de Oriente Medio y Europa.

Si se compara en qué zonas hay más desplazados con las zonas donde más armamento se importa no es difícil llegar a conclusiones lógicas.

Volviendo al punto de la raíz de toda esta situación, es verdad que las fotos de Aylan nos han impactado a todos suscitando emociones que los gobiernos han querido tranquilizar atendiendo sólo la superficie del problema, pero sin ir a la base. Lo decía muy bien Cascioli: «La más importante toca al origen de esta ola migratoria, o la guerra en Siria e Irak. Es un poco hipócrita conmoverse por los prófugos después de no haber hecho nada por detener la guerra, dándole una contribución decisiva. Y es hipócrita erigirse en juez moral si no se interroga seriamente sobre cómo acabarla. También porque los verdaderos “desesperados” son aquellos que todavía están ahí, que no tienen ni dinero ni medios para escapar, y que viven cada día bajo las bombas y el sonido de las metrallas. Mientras ayudamos a cuantos han logrado llegar a Europa, pensemos en cómo cesar rápidamente el infierno para sus connacionales menos afortunados» (cf. «Profughi siriani in Germania, la realtà nascosta», 07.09.2015).