miércoles, 2 de marzo de 2016

A propósito del Óscar, el Papa y los abusos sexuales en la Iglesia: lo que la película «Spotlight» enseña a los medios de comunicación


Nadie esperaba que el Papa terminase en los Óscares de 2016 y, sin embargo, pasó. Entre los eufóricos momentos de la octagésima octava edición de los Óscares se encuentra la referencia que Tomas McCarthy, director de la cinta premiada como la mejor del año (Spotlight) hizo a Francisco: «Esta película dio voz a los supervivientes. Y este Oscar amplifica esa voz, la cual esperamos se convierta en un coro que resuene y llegue hasta el Vaticano. Papa Francisco, es hora de proteger a los niños y restablecer la fe».

Corría el año 2002 cuando The Boston Globe publicó el resultado de semanas de investigación que evidenciaron la tratativa que la iglesia católica en Boston había dado al tema de abusos sexuales por parte de algunos miembros del clero. Aquella serie de reportajes obtuvieron el «Premio Pulitzer» de periodismo al año siguiente. Y es precisamente el periodismo de investigación lo que está al centro de la cinta Spotlight. Comprensiblemente en la película ese tema central parece pasar a segundo plano al girar la investigación en torno a la pederastia clerical en Boston. De este modo la iglesia pasa también al lado antagónico de los sentimientos del espectador.

Un día después de los Óscares llegó una doble respuesta a McCarthy desde el periódico del Vaticano, L´Osservatore Romano: «No es una película anti católica», escribía Lucetta Scaraffia en uno de ellos, mientras que en el segundo Emilio Ranzato subrayaba que no es anti católica «porque no toca en sí al catolicismo, pero es probable que sea vista como una película contra la Iglesia porque su tono a menudo tiende a generalizar, generalizaciones inevitables cuando se tiene que contar historias en tan solo dos horas».

Por tanto lo primero que hay que reconocer a la cinta es que ha pasado al cine la historia de un encomiable trabajo periodístico en torno a un grave problema real de pedofilia entre algunos miembros del clero en Boston. Conviene subrayar lo de «algunos» porque no es justicia lo que después del Boston Globe hicieron tantas cabeceras de prensa al transmitir la impresión de que la pedofilia en la iglesia es un problema generalizado y exclusivo. Esto no es un decir sino realidad: en Estados Unidos el «John Jay College of Criminal Justice» mostró que entre 1950-2000 el tema afectó sólo al 4% de los sacerdotes. De entre ellos 149 sacerdotes concentraban el 27% del total de las denuncias. Obviamente esto no deja de ser grave pero sí redimensiona el problema.

La tendencia mundial ha sido visibilizar y maximizar los casos de abusos en la Iglesia y apenas dar cobertura a los que ocurren fuera de ella. Philip Jenkins, autor no católico de «Pedophiles and Priests», muestra que los abusos sexuales fuera de la Iglesia no son menos graves (no estaría de más recordar casos recientes como el de la británica BBC y su presentador Jimmy Savile quien cometió más de 700 abusos, la situación de las universidades americanas o algo tan poco sabido como el de los soldados de la ONU en África; curiosa y contrastantemente la BBC se ensañó con la Iglesia católica en ese campo y un Comité de la ONU pidió cuentas al Vaticano en este rubro que la ONU misma tenía reprobado).

Si bien hay que reconocer que Spotlight refleja un trabajo en torno a un hecho verdadero, también debemos decir que hay tendenciosidad al sugerir que el celibato es la culpa de los abusos en la Iglesia. La investigación del «John Jay College of Criminal Justice» evidencia que no es así.

La cinta también invita a pensar que la pedofilia fue favorecida por la actitud conservadora de la Iglesia en materia de homosexualidad y anticonceptivos lo que, según los periodistas del Boston Globe, habría favorecido un lugar de protección para pedófilos. Este punto resulta un tanto hipócrita y no puede achacársele a la Iglesia sino al permisivismo moral del tiempo: en las décadas de los 70´s y 80´s el clima de liberación sexual promovido y tolerado en la sociedad era precisamente el licencioso. ¿Se puede olvidar que –botón de muestra– un grupo político en Alemania, el verde, y otro en Holanda proponían y promovían la legalización de la pedofilia?

Un tercer elemento que Spotlight sugiere es que la Iglesia hizo poco para combatir la pedofilia. En este campo L´Osservatore Romano contesta de forma benévola al limitarse a decir que la narrativa del filme «no profundiza en la larga y tenaz batalla que Joseph Ratzinger, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y como Papa, emprendió contra la pedofilia en la Iglesia».


La verdad es que la película tiene una historia y en esa historia no se incluye lo que era el fin de la investigación de los periodistas del Boston Globe: que la situación cambiara a raíz de la visibilidad del modo errado de haber gestionado el tema de la pedofilia entre el clero de la arquidiócesis de Boston. ¿Y pasó algo realmente? Sí. El mismo año los obispos americanos vieron la necesidad de una política y respuesta común para este tipo de casos. Fue así que nació la «Carta para la protección de niños y jóvenes». Este documento supuso procedimientos uniformes en torno a las denuncias de abusos pues antes de 2002 cada diócesis se las arreglaba por su cuenta. Una de esas medidas fue la así llamada «tolerancia cero». A largo plazo también ha habido consecuencias: para 2015 casi dos millones y medio de adultos y casi cuatro millones y medio de niños han recibido formación por parte de la Iglesia católica y sus instituciones para detectar y reportar abusos sexuales.

Ya antes del Óscar, y ahora mucho más con él, no han faltado quienes han querido remontarse a gestiones deficientes del pasado para reflejar con eso una situación actual que en realidad ya no corresponde a la del hoy en la Iglesia.

Un reflejo de la madurez con que hoy este campo es abordado en la Iglesia católica lo constituye, por ejemplo, el hecho de que Spotlight haya sido vista por los miembros de la Comisión Pontificia para la Tutela de menores en una proyección privada el 4 de febrero de 2016 (por cierto, esta comisión fue instituida por el Papa al que McCarthy interpela a actuar). El actual arzobispo de Malta y anterior promotor de justicia la Congregación para la Doctrina de la Fe (el «juez» encargado de procesar a los sacerdotes culpables y de investigar a los acusados) declaró al diario italiano La Repubblica que «Esta película la deben ver todos los obispos y los cardenales, sobre todo los responsables de las almas, porque deben entender que es la denuncia la que salvará a la Iglesia, no la ley del silencio».

Consejo oportuno del arzobispo maltés que también podría valer para periodistas y medios de comunicación, especialmente para los que aplican otra forma de «ley del silencio» a curas y obispos acusados falsamente. Ha sucedido con el caso Max Davis, obispo castrense de Australia, a quien los tribunales del país de los canguros y de los koalas han absuelto de imputaciones en este campo y al que tanta tinta de escarnio dedicaron los periódicos incluso fuera de la isla. Tras la absolución el silencio ha sido ensordecedor.

La historia detrás de Spotlight dejó a la Iglesia católica una enseñanza convertida en beneficio para todos a partir del caso de Boston pero las lecciones se extienden al hoy del periodismo cotidiano: cuando el periodismo se hace con rigor beneficia a la sociedad y también a las instituciones. Ciertamente no cualquier «periodismo» sino el auténtico, el que contrasta, coteja fuentes, profundiza y publica hasta tener certeza de las cosas.

«El hecho de que de la ceremonia de los Óscares –recogía L´Osservatore Romano– haya salido un llamamiento al Papa Francisco para que combata este flagelo debe ser visto como un signo positivo: hay aún confianza en la Institución, hay confianza en un Papa que está continuando la limpieza iniciada por su predecesor ya como cardenal. Hay aún confianza en una fe que lleva en su corazón la defensa de las víctimas, la protección de los inocentes». Buen comienzo de imitación del trabajo del Boston Globe podría iniciarse investigando precisamente este recorrido. Sería no sólo lo que «Spotlight» enseña a los medios de comunicación sino también la estafeta que a modo de reto les dejan como tarea. Después de todo McCarthy, hijo de padres católicos practicantes, exhortó a «restablecer la fe». ¿Alguien puso atención en esa parte?