viernes, 4 de marzo de 2016

Cardenal Pell, casos de abusos y reflectores encendidos: ¿alguien ha ido más allá de los titulares de prensa?

 

La coyuntura del Óscar a Spotlight y las declaraciones que en calidad de testigo ha hecho un cardenal australiano (el cardenal George Pell) a la Royal Commission into Institutional Responses into Child Sexual Abuse ha puesto una vez más los ojos de la prensa en los casos de abusos sexuales vinculados en la Iglesia católica.

La inmensa mayoría de los medios han presentado el caso del cardenal Pell como si se tratase ya de un culpable: se extraen declaraciones de terceros, opiniones de algunos, impresiones de otros y se olvida que el purpurado está colaborando con la comisión australiana no en calidad de acusado (la Royal Commission into Institutional Responses into Child Sexual Abuse investiga la gestión de denuncias de abusos de las instituciones públicas en toda Australia). De hecho, ha sido el mismo cardenal Pell quien ha recibido en Roma a víctimas australianas de abusos y ha gestionado un encuentro de estos con la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores (un comunicado tras el encuentro fue publicado también en la web oficial del Vaticano).



Hay periodistas que se han dado a la tarea de no sólo desprestigiar al cardenal Pell sino que han ido a por el Papa: "debe removerlo de su puesto en el Vaticano o es su cómplice". La herencia que este tipo de opinionismo deja en los lectores es que la Iglesia sigue sin hacer nada en este campo. Sin embargo el trabajo durante la última década no es para dejar de apreciarse. Lo expresaba así el portavoz vaticano en una declaración del 4 de marzo de 2016:
El decidido compromiso de los papas para hacer frente a las crisis que surgieron posteriormente en distintos países y situaciones - como Estados Unidos, Irlanda, Alemania, Bélgica y los Países Bajos, los Legionarios de Cristo - no ha sido ni pequeño ni indiferente. Los procedimientos y las normas canónicas universales renovadas; las directrices y solicitudes a las conferencias episcopales, no sólo para responder a los abusos, sino también para prevenirlos de manera adecuada; la visita apostólica para intervenir en las situaciones más graves; la profunda reforma de la Congregación de los Legionarios, han sido acciones destinadas a responder con profundidad y clarividencia a una plaga que había manifestado una gravedad sorprendente y devastadora, especialmente en algunas regiones y en algunos períodos. La carta de Benedicto XVI a los fieles irlandeses en marzo de 2010 sigue siendo probablemente el documento de referencia más elocuente, que va mucho más allá del caso de Irlanda , para comprender la actitud y la respuesta legal, pastoral y espiritual de los papas a estos dramas de la Iglesia de nuestro tiempo: reconocimiento de los graves errores cometidos y petición de perdón, atención prioritaria y justicia para las víctimas, conversión y purificación, esfuerzos de prevención y renovada formación humana y espiritual.
Y sobre el caso concreto del cardenal Pell dice:
Hay que reconocer que el cardenal Pell ha dado un testimonio digno y coherente (¡cerca de veinte horas de diálogo con la Comisión Real!) del que resulta una vez más un cuadro objetivo y lúcido de los errores cometidos en muchos ambientes eclesiales (en este caso de Australia) en las últimas décadas. Y esto es una adquisición, no inútil en la perspectiva de la común "purificación de la memoria".
Hay un buen periodismo y un mal periodismo. Ejemplo del primero es el trabajo del Boston Globe ahora convertido en película premiada con un Óscar. Ejemplos del segundo son la serie de artículos que acusan como deporte, sin pruebas, investigaciones y fundamentos. Cuánto ayudaría recordar el caso de otro obispo australiano, Mons. Max Davis, acusado en primera página y absuelto en un rincón de la prensa. Y nosotros, ¿estaremos yendo más allá de titulares de prensa?