sábado, 11 de noviembre de 2017

Curso de milagros: un extraordinario manual para la anulación de la personalidad


En los primeros meses de 2017 llegó a mis manos un best seller del todo particular: "Un curso de milagros", editado por la Foundation for Inner Peace. Recordé que el libro aguardaba mi lectura al dar con el artículo del psicólogo Carlos Sanz Andrea en el que el autor hace una crítica no sólo desde la perspectiva profesional de su campo científico sino incluso aludiendo a la incompatibilidad del curso de milagros con la fe cristiano-católica. Traigo aquí el texto del doctor Sanz Andrea publicado originalmente en su blog Zaragoza Psicología. El curso se extiende presentándose como algo sano y considero que este artículo deja bien claras las cosas:

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En 1976 la Fundación para la Paz Interior publicaba por primera vez el libro titulado Un Curso de Milagros (UCDM), una obra de dimensiones monumentales resultado de la transcripción de una voz que la psicóloga Helen Cohn Schucman (†) escuchó en su cabeza durante años. A pesar de estos antecedentes, el libro ha sido ensalzado como la nueva biblia de la new age y, aunque siempre se promocionó como un manual de autoestudio, se ha usado ya varias veces para manipular a la gente, justificar atrocidades, anular el sentido crítico de las personas e incluso se han llegado a fundar grupos coercitivos bajo sus enseñanzas.

Una amplia difusión 
No voy a dedicar este artículo a la historia del curso; existen libros y documentos que ya muestran las partes más polémicas y extrañas, como la tormentosa relación entre Schucman y William Thetford (†), como se puede ver en el libro Ausencia de felicidad (1999), la presunta implicación de estos en el proyecto MK-ULTRA, o sus coqueteos con la Fundación Edgar Cayce y la asociación A.S.P.R. (American Society for Psychical Research) a través de la parapsicóloga Judith R. Skutch, una de las principales impulsoras del curso y presidenta de la Fundación para la Paz Interior.

Sí que es necesario indicar que su difusión ha sido tan extensa que resulta prácticamente imposible cuantificar el número de grupos que se dedican actualmente a estudiar UCDM. Además, cada cierto tiempo alguien re-descubre el curso y se lanza a predicar su interpretación personal; algunos tienden a elaborar una empalagosa filosofía, como el propio Kenneth Wapnick (†), amigo íntimo de Schucman, que fue durante años la figura principal de difusión del libro, siendo criticado por los nuevos intérpretes que fueron surgiendo, principalmente Robert Perry y su Circle of Atonement.

Después existen autores, por así decirlo, más comerciales, algunos bajo la tutela y aceptación de Wapnick, como Gary Renard, al cual se le aparecieron, según él, unos “maestros ascendidos” en el comedor de su casa, para dictarle un best seller new age basado en UCDM (La desaparición del universo, 2012), o Marianne Williamson, autora del libro Volver al amor (1992), que fluctúa entre gurú mediática y activista política. A nivel latinoamericano tiene bastante influencia también mediante sus encuentros Nick Arandes. Y por último están los casos más extremos, como la Academia Endeavour, dirigida por Charles Buell Anderson, denominado Master Teacher, el cual basaba sus enseñanzas en UCDM y AA, o el caso de Enric Corbera, que usa este texto como base filosófico-espiritual de la Bioneuroemoción.

Las razones de su atractivo 
¿Pero por qué es tan atractivo este libro? ¿Qué creen descubrir en él todos estos autores? En este artículo voy a tratar de explicar por qué creo que UCDM es un manual de anulación de la personalidad realmente extraordinario, y es que en su fondo teórico es profundamente radical, repite una y otra vez la misma idea, una técnica propia del brainwashing (lavado de cerebro), que le otorga una coherencia inquietante.

¿Qué dice UCDM? 
En sus fundamentos básicos mantiene que el mundo que vemos todos los días no existe, y que nosotros no percibimos la realidad auténtica; la realidad auténtica es donde está Dios y es a esta realidad a la que nos oponemos, nos oponemos según él mediante una fabricación llamada “ego”, la cual aborrece a Dios, y que para el curso es la creadora del mundo de todos los días, en sentido literal, de todas las situaciones y de toda la pesadilla, porque así concibe UCDM este mundo, como una pesadilla de la que debemos despertar. Todo es falso (tanto la enfermedad como la muerte son invenciones tuyas, y por tanto las puedes abolir (Principios de los milagros 24), y el camino para salir de ella está en desinstalar de nuestras mentes ese mundo cotidiano y sustituirlo por la percepción correcta que es la que predica el libro.

Ya en su paradójica introducción no deja lugar a dudas. Dice claramente UCDM que todo su contenido se puede resumir en dos frases: “Nada irreal existe” (refiriéndose a absolutamente todo lo que conocemos, pensamos o sentimos, todo ello es irrelevante y se esforzará en mostrarnos como anularlo) y “Nada real puede ser amenazado” (ya que lo único real es Dios, el “cielo” y los hijos de Dios –nosotros–, aquellos que han despertado, permanecen a la espera de que despertemos del sueño que ha creado nuestro ego por emanación).

Estructura y contenido del libro 
Así de extremo y absolutista resulta, sin realizar en ningún momento una sola concesión, y para facilitar nuestro entrenamiento el Curso incluye 365 lecciones, una por cada día del año, convirtiéndose en un auténtico manual de programación y disociación de la realidad cotidiana, ya que pretende, según él mismo dice, “anular la forma en que ahora ves el mundo”. Es necesario observar que se llega a estas lecciones tras 754 páginas de adoctrinamiento intensivo, en las que se repite una y otra vez y de diferentes maneras que ningún elemento del mundo es real, sea cual sea su manifestación, hasta llegar a provocar lo que UCDM llama milagro, que no ha de entenderse en el sentido usual de la palabra, sino como una “reorganización perceptiva que deshace el error”, es decir, sucede cuando terminas percibiendo como el curso te dice que percibas.

Prácticamente todos sus términos tienen un doble significado. El curso usa una terminología cristiana, para contarnos una historia en la que Dios se encuentra al margen del mundo, esperando a que despertemos, el Espíritu Santo es una inspiración o un canal de conexión que él nos envía, el pecado no existe, la salvación ya se ha producido, nosotros permanecemos aquí porque estamos enfermos de odio, en un mundo que no existe, que sólo es una fabricación nuestra, siendo responsables de todo lo que vemos en él, etc.

Poco a poco se van asentando los nuevos significados, bajo una forma de transmisión de un mensaje que Jesús (así se identificaba la voz de Schuman) siempre había querido dar, pero que no se comprendió correctamente, de hecho se entendió exactamente al revés. Así afirma UCDM que “éste no es el evangelio que quise ofrecerte”, en referencia a las interpretaciones bíblicas cristianas. Realizaremos aquí un breve recorrido para mostrar cómo UCDM va desestructurando la percepción habitual e implantando estas nuevas ideas progresivamente, a medida que se avanza en las lecciones.

Empezamos con la necesidad expresada en las páginas previas al libro de lecciones, en él se insiste en que es necesario obedecer estrictamente las reglas; el libro instruye en que éstas se apliquen sin hacer distinción ninguna: hay que aplicar los ejercicios por igual a cosas, a personas y al sujeto lector mismo. Aunque al principio no estemos de acuerdo o nos sintamos escandalizados, la repetición –promete el libro– hará que cobren sentido. El lector repetirá, por ejemplo: nada de lo que veo significa nada (lec.1); después admitirá su ignorancia: no entiendo nada de lo que veo (lec. 3); comenzará a despojar de sentido a los contenidos cognitivos, ya no sólo objetos exteriores, como se ve en: estos pensamientos no significan nada (lec. 4); insistirá en ello con: mis pensamientos no significan nada (lec. 10).

Le será revelado que hay otra posibilidad, otra manera de percibir en contraposición a la realidad común y corriente, porque aunque lo que pensamos y vemos no tiene significado, resulta que Dios no creó un mundo sin significado (lec. 14); entonces nos dirá que si no vemos más que el pasado, y nada de lo vemos significa nada, debe por tanto resultar que no percibo lo que más me conviene (lec. 24); para ello –continúa insinuando– nada sutilmente que tu discernimiento no es correcto, se centra en especial en cualquier tipo de crítica, como se puede ver: en mis pensamientos de ataque atacan mi invulnerabilidad (lec. 26).

Luego el curso te dice la meta a la que quieres llegar: por encima de todo quiero ver las cosas de otra manera (lec. 28), aclarándote que todo es una ilusión, producida por ti, porque, tal como repite infinidad de veces, has inventado el mundo que ves (lec. 32) y sí, hay un mundo mejor, hay un mundo que te gustara más, más allá de este mundo hay un mundo que deseo (lec. 129). Éste es el único deseo lícito para UCDM y puesto que es imposible ver dos mundos (lec. 130), tienes que elegir: si estás viendo uno es porque no deseas el otro, y sufres en este porque obviamente has elegido mal, pero no pasa nada, UCDM te asegura que es por las defensas que has levantado: si me defiendo he sido atacado (lec. 135).

Es decir, que para progresar debes anular tu juicio y tu discernimiento y entender, por fin, que no me gobiernan otras leyes que las de Dios (lec. 143), porque pensar hace daño, es peligroso para el sistema del curso. Bien sostiene que nada, excepto mis propios pensamientos, me puede hacer daño (lec. 281); no juzgues ni pienses lo que lees, los juicios son lo opuesto al amor (lec. 352), cumple adecuadamente, y te despertarás de la pesadilla.

Al igual que las prácticas de repetición de mantras que usan ciertos grupos coercitivos para detener los pensamientos no deseados, en UCDM se va adoctrinando al lector para que aprenda a anular todo su pensamiento crítico, asignándole para ello una práctica diaria, generalmente una afirmación dogmática que será repetida mentalmente varias veces al día.

Para comprender la intensidad de esto hay que tener en cuenta que algunos estudiantes repiten el ciclo durante varios años, embarcándose en una supuesta búsqueda de espiritualidad, que en realidad destruye el sentido de todo lo que vemos, disociando de la realidad, y buscando refugio en la vieja trampa solipsista que argumenta que todo lo que nos rodea es, en última instancia, fruto de nuestra mente, considera incluso los medicamentos que usamos como remedios “mágicos” y temporales, que dejarán de ser necesarios en cuanto aceptemos la verdad; las propias leyes naturales son sólo una sustitución o una “fabricación” del ego... Todo ello, se supone, dejará de ser útil cuando cumplamos el objetivo del curso; la única virtud que defiende UCDM está en “negar la negación de la verdad” y caer hipnotizado y sumiso ante la visión radical del curso.

El “milagro” entonces puede producir con mucha probabilidad una persona aplanada afectivamente, con sus valores totalmente relativizados, que vive mentalmente en otro lugar a lo largo del día, que se repite a sí misma que todo lo que vive es una mentira engendrada por su ego. Y ella no tiene más remedio que sentirse culpable por ver lo que está viendo: sea malo o sea bueno, nunca será correcto según el curso, hasta que ya no sienta nada en absoluto, hasta que todo lo que vea no signifique nada. La crueldad a la que se puede llegar con este esquema de pensamiento, la vulnerabilidad en la que puede sumir a las personas, los valores que se pueden obviar, las aseveraciones que se pueden sostener y justificar, son profundamente preocupantes, y su mezcla o aplicación como psicoterapia espiritual, como gustan en llamarla sus seguidores, resulta muy cuestionable.